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Año IX - Madrid, viernes 16 de marzo de 2006
 
Opinión
 

Calderón busca consolidarse

Juan Varde (Buenos Aires)

Debemos de dejar en claro que México dio un espectacular paso cuando hizo la transición del Partido Revolucionario Institucional (PRI), al actual Gobierno, a una democracia todavía en construcción pero democracia al fin. Construir sociedades socialmente democráticas con instituciones sólidas es el principal desafío.

Luego de una estrecha victoria en las presidenciales de 2006, Felipe Calderón Hinojosa, teje de la  manera  más rápida posible la consolidación del poder, forjando alianzas con figuras de lo más influyentes, a efectos de cimentar su posición política.

Aunque la estrategia ha fortalecido su posición política a la larga podría prevenir los profundos cambios políticos y económicos que necesita México para modernizarse, ser más competitivo y jugar de una manera más efectiva en el mundo globalizado.

Calderón mantiene su compromiso con la reforma económica, pero no se puede esperar que resuelva como por arte de magia todos los problemas que aquejan al país.

Por el momento la mayor parte de su energía está dirigida a cumplir con su promesa primaria de restaurar la ley y el orden en las regiones devastadas por la violencia. Su popularidad tocó el cielo cuando despachó tropas para combatir la violencia ligada a las drogas, extraditando a jefes del narcotráfico de las cárceles mexicanas a EEUU. Sus aliados coinciden en que el desarrollo de una administración fuerte facilitará la aprobación de importantes leyes económicas en el Congreso cuando el momento llegue.

Por supuesto que la densa agenda del país es variada y extensa, la idea es concentrarse en las áreas  problemáticas una a una.

Las convicciones de libre mercado de Calderón han estado bajo la lupa, luego de que existieran controles de precios para detener el encarecimiento de las tortillas de maíz, que es como jugar con el alimento sagrado de los mexicanos.

En el frente político, las propuestas de Calderón al PRI podrían interpretarse a su promesa de reformar el oneroso sistema político del país. Algunos de sus más fervientes aliados señalan que el presidente fue demasiado lejos con su acercamiento al PRI, sin embargo esta actitud forma parte del juego político del que Calderón no está ausente.

La visita de George Bush, en la que se trataron temas tan importantes como la inmigración, tan candente para ambas naciones; la energía, tema en el que las pláticas sobre Pemex generaron especulaciones; además de cómo jugará  México en el nuevo tablero latinoamericano, son asuntos que mostrarán si Calderón ha salido bien parado de tan exigente situación, que lo ha tomado sin siquiera un pre-entrenamiento en relaciones exteriores. Es decir, salió al ruedo y que Dios le ayude.

En fin, a los golpes se hacen hombres. Que así sea por el bien de México.

 

 

 
 

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