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Año IX - Madrid, viernes 16 de febrero de 2006
 
Opinión
 
Alternativas en el segmento del transporte

Álvaro Ríos Roca*

La composición de la demanda de energías primarias a escala mundial en el año 2005, nos señala que el petróleo convencional constituye aproximadamente del 35 al 36% del total, mientras que el carbón le sigue muy de cerca con alrededor del 24%, el gas natural con aproximadamente del 21 al 22% y el restante 19% son otros tipos de energías primarias como la hídrica, nuclear, solar, eólica, térmica, los biocombustibles y otras menores.

La conciencia que se está gestando sobre el medioambiente para descarbonizar el planeta, sumado a la volatilidad de los precios del petróleo y el desarrollo tecnológico, sin lugar a dudas que nos llevará a tratar de diversificar aún más esta matriz energética y alejarnos un poco más de los denominados combustibles fósiles (carbón, petróleo y en menor grado el gas natural). Tarea nada sencilla, debido a la adicción, desarrollo tecnológico y a la infraestructura que existe para su producción, transporte y distribución.

Encontrar energéticos libres de carbono en el sector del transporte ha sido, es y será, un desafío mucho más grande que en la generación de energia eléctrica, donde la hidroelectricidad (con gran potencial en Latinoamérica y el Caribe), la nuclear, eólica, solar y otras, son alternativas libres de carbón ampliamente utilizadas. Para el caso del transporte, las alternativas previsibles están en los biocombustibles y las células combustibles.

El etanol, derivado de material de plantas vegetales, es un combustible muy atractivo, con muy buena calidad en su combustión. Normalmente, el etanol ha sido mezclado al 10% con gasolina, pero Brasil ha revolucionado la industria al poder utilizar una gama mucho más amplia de mezclas e incluso poder llegar a operar con 100% de gasolina o 100% de etanol en los denominados vehículos “Flexfuel”. Lo importante es que esto se ha hecho con modificaciones muy pequeñas a los vehículos y con la posibilidad de acomodarse muy fácilmente a los esquemas de almacenamiento y distribución actuales.

De la misma manera, la persistencia y desarrollo tecnológico de Brasil en estas energías renovables han llegado a que se esté también introduciendo el biodiesel, el cual es posible elaborar a partir de un sinnúmero de plantas o cultivos vegetales. Sin vacilación, América Latina y el Caribe tienen, de la mano de Brasil, la oportunidad de posicionarse como productores nacionales, regionales y mundiales de biocombustibles.

Empero, lo ideal, sería no sólo apuntar la tecnología a las plantaciones tradicionales que pueden estar limitadas, sino poder utilizar biomasa lignocellulosica para producir los combustibles necesarios para el transporte. La maquinaria a escala global está en marcha para seguir impulsando los biocombustibles y muchos recursos económicos, humanos y tecnológicos se continuarán invirtiendo en los años que vienen.

Otra alternativa que existe para reemplazar a los combustibles tradicionales en el transporte es la utilización de hidrógeno de fuentes muy bajas en carbón (como el gas natural, por ejemplo) o cero carbón para los vehículos con células de combustibles. Esta tecnología podría descarbonizar la industria del transporte en el muy largo plazo. Empero, un cambio profundo hacia el hidrógeno requerirá de grandes inversiones en la infraestructura existente para la producción, transporte, distribución y comercialización. A lo señalado anteriormente, se debe añadir que si bien se han tenido avances impresionantes en materia de tecnología para utilizar células de combustible de hidrógeno, la misma es todavía bastante costosa, muy a pesar de las eficiencias que se reportan en su uso que son tres veces superiores a las de los vehículos convencionales. Hay todavía para largo antes de que se dé el punto de inflexión en este quiebre tecnológico y valdrá la voluntad de los conglomerados petroleros y automovilísticos.

Por ahora, la diversificación en el sector transporte viene por el lado de los biocombustibles, donde como hemos manifestado es vital seguir trabajando en los costos y esquemas y tratar de impulsar en lo posible también el uso de material lignocellulosico

* Álvaro Ríos Roca, es el actual secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) por el periodo 2006-2008. Ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia. Experto en áreas relacionadas con el sector energético que le ha permitido desempeñarse como asesor en varios proyectos energéticos internacionales, conferencista, analista y articulista en varios medios de comunicación de América Latina. Estudios de Ingeniería Química en Estados Unidos.

Las ideas y opiniones contenidas en este artículo son responsabilidad del autor y no expresan necesariamente la opinión de la Organización o de sus Países Miembros.

 
 

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