Hacer las cosas de forma diferente no significa hacerlas mejor. Una mínima revisión de lo que se está haciendo en el mundo para enfrentar integralmente la crisis –dicho sea, en casi todos los casos después de nuestros inicios con el Plan Especial Anti Crisis para Venezuela- nos permite ver unas dos o tres cosas: 1ª) la recuperación del sistema financiero, 2ª) el logro de la sanidad macroeconómica y 3ª) el estímulo a la economía real.
La última de ellas, en nuestro país, o es confusa o no existe o marcha en retroceso. El Gobierno dice que lo hace, sin que se traduzca en resultados sustantivos, desde el punto de vista económico –que es lo que interesa- aunque sí a fines del perverso proyecto político de Napoleoncito. Y nuestra opinión es que no sólo no se hace –aunque se diga, o más bien se disfrace- sino que no se sabe de su importancia. Es que la ignorancia es la norma en Chávez y su gabinete.
Ya antes de la crisis nuestro país se encontraba en una pésima posición desde el punto de vista de su potencial de producción y condiciones para ello. Los últimos lugares en indicadores mundiales conocidos –ya bastante referidos por nosotros- dan cuenta de lo dicho.
Todo lo conocido del pasado reciente (casos del Banco de Venezuela, cementeras, siderúrgica, electricidad, etc.) y los recientes hechos que afectan al sector de arroceros, un club social del litoral, el Grupo Polar (el mayor conglomerado agroalimentario nacional, empresa de calidad mundial), la transnacional Cargill y amenazas sobre otras empresas ¡incluso las populares areperas muestran que no sólo no se cree, sino que se combate la iniciativa, la inversión y el desempeño privados. Todo lo contrario a lo que se hace en China, por ejemplo.
Sucede que de los agentes privados dependen, en una muy alta medida, los procesos de acumulación de capital productivo, modernización de infraestructuras, maquinarias y equipos, tecnología y capital humano productivo. Ineludibles aliados, pues. Si es que se piensa en el bienestar y no en un demencial proyecto totalitario personal.
Todo lo dicho nos interesa para dimensionar lo que puede pasar en Venezuela en el campo de la robustez de su economía, su protección frente a las crisis y el anunciado programa de ajustes a ser acometido por el Gobierno nacional.
Sin interés por la economía real (esa mujer u hombre que trabaja, consume, invierte, produce o gerencia), no hay canales de recuperación de la economía real. A menos que aceptemos como modelo productivo uno parasitario, rentista, clientelar, comisionista, etc., amparado por la protección y complacencia del Estado y revestido de mucha, pero mucha corrupción.
Eso no es, al menos en mi caso, lo que deseamos para nuestro país. No es lo que hoy se plantea ninguna sociedad. Los hombres nacieron para realizarse; no para pervertirse.
Los consumidores, propietarios, empresarios, trabajadores y productores importan. Son permanentes. Los sistemas inviables, no. Así estén revestidos de discursos, lisonjas, protección militar y otros gadgets del “Socialismo del Siglo XXI”, que ¡cómo se parece al hundido en 1989!