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Año X - Madrid, viernes 13 de marzo de 2009
 
Opinión
 
La astronomía como ciencia

Alberto Miguel Arruti

El Gobierno Italiano, a través de la Unesco, ha conseguido que la ONU declare el presente año como Año Internacional de la Astronomía. Fue precisamente en el año 1969 cuando Galileo presentó al Senado de Venecia un nuevo telescopio de ocho aumentos y que, en poco tiempo, alcanzó los veinte aumentos. Así Galileo observó que la corteza de la Luna no era lisa, como se había creído hasta entonces, sino que presentaba muchas irregularidades, altas cadenas montañosas que le parecieron más elevadas que las de la Tierra, aunque hoy sabemos que su altura es parecida.

Estos descubrimientos le llevan al convencimiento de que la teoría de Aristóteles sobre la inmutabilidad de las esferas celestes era refutable. Y en 1610 publica el libro “Sidereus nuncius”, en el que describe sus observaciones sobre la Luna y también sobre las cuatro lunas de Júpiter. También, en 1609, Kepler publicaba su “Astronomía nova”. Con sus tres leyes, hacía de la Astronomía una ciencia, que le sirvió a Newton para elaborar su teoría de la gravitación universal, que se ha conservado a lo largo de varios siglos, hasta llegar prácticamente al siglo XX. Lo que fue Newton en el siglo XVII lo representó Einstein en el siglo XX, que con sus dos teorías de la relatividad, de 1905 y de 1915, creó una nueva Cosmología, que ha resistido multitud de nuevos datos, que han sido aportados, no sólo por telescopios, sino por multitud de técnicas de observación.

Se han descubierto galaxias, planetas, estrellas de neutrones, quásares... Uno de los últimos descubrimientos y más revolucionarios es el de los agujeros negros. Se trata de objetos estelares creados por la implosión de una estrella, en el que todo aquello con masa y energía, o con masa o energía puede caer, pero del que nada puede salir, ni siquiera la luz, que queda atrapada en su interior. Y si la luz no puede salir, no podremos ver el agujero, sino solamente sentir sus efectos, gravitacionales, producidos por su enorme masa. Al menos teóricamente pueden existir agujeros negros de todos los tamaños y de todas las masas. Desde agujeros negros gigantes, de varios miles de millones de la masa del Sol y de tamaño tan grande como el sistema solar, hasta agujeros negros microscópicos del tamaño de una partícula elemental.

Los cosmólogos piensan que el Universo surgió de una gran explosión, el big bang. Precisamente el satélite WAP (Sonda Anisotrópica de Microondas Wilkinson) que toma su nombre del cosmólogo David Wilkinson, nos ha aportado multitud de datos sobre el origen, la constitución, la edad y el fin del Universo. La visión que hoy nos aporta la Cosmología es que, dentro de billones de años las estrellas dejarán de brillar, sus fuegos se extinguirán y el cielo nocturno se oscurecerá para siempre. La expansión cósmica dejará un Universo frío y muerto de estrellas enanas, estrellas de neutrones y agujeros negros y, lógicamente, la vida inteligente desaparecerá. Se puede pensar que en aquella época la tecnología permitirá abandonar nuestro Universo y emigrar hacia otro.

Este Año Internacional de la Astronomía nos ha de servir para reflexionar sobre la ciencia, su valor, sus posibilidades y el futuro que nos espera, al tiempo que evocar la figura de aquellos hombres que, como Galileo y Kepler, fueron los iniciadores de esa maravilla, que representa nuestra cultura, que es la ciencia moderna. Desde el telescopio de Galileo, la tecnología ha inventado, y sigue inventando, multitud de aparatos, que nos aportan continuamente datos, y más datos, sobre nuestro Universo en expansión.

 
 

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