Como es lógico, la industria siderúrgica se encuentra afectada por la crisis financiera y económica en que estamos sumergidos. Y esto pasa, con una intensidad mayor o menor, en todos los países del mundo. Y en todas partes se buscan soluciones con un relativo éxito.
El gigante Arcelor Mittal tiene el proyecto de apagar otras dos baterías de choque en Avilés por el descenso de la producción, lo que se llevará a cabo a partir del próximo 20 de abril. Ya a finales del pasado enero habían parado otras dos baterías. Además, el nuevo acuerdo marco de Arcelor Mittal ha quedado, recientemente, en punto muerto. Se había llegado a un convenio con los sindicatos en distintos puntos, pero la subida salarial y el número de jubilaciones anticipadas, mediante el sistema de contratos relevo, han sido los temas en los que no se ha conseguido el acuerdo.
Por otra parte, el sindicato vasco LAB ha hecho un llamamiento a los trabajadores de las siete plantas que tiene Arcelor Mittal en el país vasco y Navarra, para que lleven a cabo una serie de movilizaciones contra los recortes laborales planteados por la multinacional. También Arcelor Mittal planea despedir a 1.700 trabajadores de una planta en Bélgica. En octubre pasado, la multinacional contaba en Lieja con 4.200 trabajadores fijos y unos 300 temporales.
Ahora esta plantilla quedará fuertemente reducida. Las empresas siderúrgicas de Estados Unidos preparan una oleada de quejas contra las importaciones de acero de otros países. Todo ello podría ocasionar unos aumentos de los aranceles este año y una escalada de las tensiones comerciales con los cuatro mayores exportadores de acero, que son China, Rusia, India y Brasil. Las empresas sostienen que necesitan aranceles más altos para sobrevivir de la recesión de la economía mundial y de la dolorosa reestructuración de la industria automovilística norteamericana, que es uno de sus principales clientes.
Actualmente, las importaciones de acero en Estados Unidos pagan impuestos bajos o entran con arancel cero. Existe la creencia generalizada en la industria siderúrgica norteamericana de que los chinos incurren en “dumping” en sus operaciones. La Organización Mundial del Comercio permite elevar los aranceles, si es posible probar que bienes extranjeros, vendidos a un precio inferior al costo de producción, han afectado negativamente las ventas de las firmas domésticas. Lo que no resulta fácil de probar, pues las acerías de Estados Unidos han percibido importantes ganancias en los primero nueve meses del año pasado.
Lo más probable es que las empresas siderúrgicas norteamericanas esperen hasta abril antes de presentar una denuncia de “dumping” lo que podría dar lugar a una imposición de aranceles en el próximo octubre. Por su parte, la Asociación de China del Hierro y el Acero ha manifestado que el establecimiento de medidas “antidumping” violaría la normativa de la OMC. La ley de estímulo fiscal, firmada por el presidente Obama, impide que las siderúrgicas de China, Rusia, India y Brasil obtengan contratos públicos, lo que para este año y el próximo representará alrededor del 25 por ciento de los nuevos pedidos de acero.
En consecuencia, se espera que estos países multipliquen sus esfuerzos para llegar al resto del mercado norteamericano. Todo ello se produce en un momento en que la siderurgia china muestra señales de recuperación, después de las pérdidas del último trimestre del año pasado.