Poco se ha comentado por esta zona del mundo –y me refiero a América en su conjunto– de esa ‘minicumbre' que en menos de 24 horas ha levantado ampollas y preocupaciones a unos cuantos por ahí.
Hugo Chávez, Evo Morales y Fidel Castro han puesto a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) en una nueva dimensión que tiende a crecer. Más ahora, que Bolivia se acaba de sumar en La Habana al proyecto Chávez-Fidel.
Muy contento se le vio al líder cubano ante su próximo arribo a los 80 años de edad y más de 45 al frente del Estado cubano, al comentarle al público congregado en la Plaza de la Revolución que tal vez en el segundo aniversario del ALBA fuese necesario conceder sólo tres minutos a los presidentes oradores dada la posibilidad real de que para esas fechas otros presidentes se sumaran a esta contrapartida del ALCA, de factura gringa.
Cuba, al pensar de Fidel, vive un momento de gran recuperación y crecimiento de su economía gracias a factores locales y a la beneficiosa relación que sostiene con Venezuela.
Los gringos, como casi siempre, con la brújula desorientada y montando una soberbia maniobra naval en las cercanías de las aguas de Venezuela y Cuba. Un número para intentar sembrar temores que carecen de efectos. La mayor isla del Caribe ha dejado de temer la prepotencia estadounidense. Y en lo que corresponde a Caracas, ahí están las declaraciones de los mandos militares preparados para cualquier contingencia.
A fin de cuentas, lo preferible es que haya paz y que los principios del ALBA tomen forma de cara al imperio, que aún mira como a su traspatio a ese gran tramo desde el sur del río Bravo hasta la Patagonia argentina.
Lo que acaba de ocurrir en La Habana, en el primer aniversario del ALBA, confirma que ya esa criatura no gatea, sino que corre.
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