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Año X - Madrid, viernes 9 de mayo de 2008
 
Opinión
 
Retos de Venezuela

Santiago José Guevara García (Valencia, Venezuela)

En nuestra aproximación para el manejo prospectivo, el primer paso consiste en la identificación de lo que llamamos retos futuros. Son de tres tipos: oportunidades, problemas y cambios de mandato.

El principal de ellos, en la otrora pujante Venezuela, pero que se desliza rápidamente hacia los más profundos sótanos de las estadísticas de progreso y libertad, es sin duda dotarse de las condiciones institucionales y de gobernabilidad democrática que le permitan asumir, después de largos años de calamidades políticas, las ingentes tareas de creación sostenida y repartición justa de riqueza social y un muy superior desarrollo humano.

Cuáles instituciones y cuál gobernabilidad parecen retos banales. Pero, no lo son. Se acepta que en el mundo ha habido mucho progreso en esas áreas. Pero igual, que transita un proceso regresivo hacia formas diversas, sutiles las más, de autoritarismo y totalitarismo. No es casualidad que China sea hoy el paradigma de éxito. ¡Una sociedad totalitaria, negadora de derechos y salvaje en su modelo económico y ambiental! Además, el complejo entorno social y político interno y regional, la persistencia de parámetros culturales vetustos: mercantilismo, fueros, religión esotérica, militarismo, etc., complican la tarea.

Pero, ni modo, el reto es simplemente un caso de modelización y exigente labor política, social y educativa. Disponemos, como nación, de una experiencia previa bastante cercana, aunque signada por hechos fortuitos adversos: la elaboración y construcción de la democracia progresista que arrancó en 1958, ¡apenas cincuenta años!

Dejemos tranquilo al modelo necesario y sus condiciones de viabilidad –que no hemos mencionado- y vayamos a sus concreciones en el despliegue progresivo de más y más republicanismo, progreso y estabilidad.

Lo primero es la seguridad jurídica a los derechos de propiedad del capital y el trabajo y la potenciación de oportunidades de negocio vía la inversión pública de fomento y la apertura a la privada de riesgo, con una fuerte regulación a la especulativa. Se trata, sin perder la visión de conjunto de las exigencias, de una adecuación institucional selectiva.

Igual, habrá que entronizar un modo fluido y no traumático de adecuación constitucional, producción legislativa y profesionalización del trabajo legislativo y judicial. Nos declaramos opuestos a la onda de constituyentismo que asola a América Latina, a la legislación express y a la oligocracia judicial.

El resto de la tarea será un manejo muy profesional, que no puede sino ser altamente participativo, de la responsabilidad de producir las políticas públicas necesarias, apoyada en una consolidación creciente del capital social necesario y un celo permanente por la gobernabilidad plenamente democrática.

La democracia popular y la participación social en las tareas de gobierno nacionales no las inventó Chávez. Antes de su golpe de Estado ya participábamos en las elaboraciones iniciales, algunas publicadas, que condujeron a las misiones que luego realizáramos para la GTZ alemana, dirigidas a un instrumento de apoyo al alto gobierno municipal, extensamente probado en todos los niveles gubernamentales y recogido en una muy sintética publicación conjunta de la institución con el gobierno nacional.

Lo anterior, junto con un ataque certero de las condiciones educativas, culturales y de valores, debe permitir una adecuación institucional, social, económica, cultural y política a favor de las ingentes tareas arriba anotadas. ¿Difícil? Nadie ha dicho que no. ¿Posible? Claro que sí. ¿Deseable? Altamente. El reto de la Venezuela post-trauma es un atractivo caso prospectivo y de gestión compleja. Y estamos dispuestos.

 
 

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