Hasta diciembre de 1998, las economías de Argentina y Brasil jugaban con vínculos estrechos, deuda externa prácticamente al borde del default, fuerte déficit en sus balanzas comerciales, el fantasma de la recesión sobrevolaba a los gigantes del sur, en cuanto a lo político mostraban un presidente reelecto con absoluta mayoría, bajas tasas de inflación y nada ni nadie suponía el pronunciar retenciones a las exportaciones.
La política de cambio era similar (un dólar USA = un real brasileño), sin embargo Brasil desvalorizaba su moneda en un 7% al año.
Sorpresas nos da la vida y cómo para no serlo, como si esto fuese una obra maquiavélica a comienzos de 1999, se produce un click por demás profundo que marca el punto de inflexión, proyectándose geométricamente hasta nuestros días, así Brasil desvalorizó su moneda y modificó su plan económico, soportado en tres fuertes columnas: flotación del tipo de cambio, superávit fiscal el que motorizó el mecanismo a efectos de reducir la deuda externa pública y por último un estricto control de la inflación.
En la vereda de enfrente Argentina declaró la moratoria unilateral de su deuda soberana, que fue recibida con aplausos y vítores por los entonces diputados y senadores nacionales, valorizó el dólar en relación al peso como único sustento de su política cambiaria, por último repitió viejos errores del pasado y priorizó el crecimiento de la economía sobre el control de precios.
1999 año signado por la progresiva transformacion positiva de Brasil, que mostró una política coherente, marcando pautas lógicas y planificando a largo plazo, tal cuál un país serio. Así, dejó la administración el PSDB y asumió el PT al Gobierno, nadie mejor que Lula alumno ejemplar del Foro de San Pablo, del que la izquierda brasileña veía en él el gran cambio, el giro a la izquierda extrema que, según ellos, el país necesitaba, sin embargo, y para sorpresa de propios y extraños Lula no sólo profundizó el plan económico sino que ajustó lo que debía y podía ser ajustado.
En Argentina, que vive en el corto placismo, donde el mediano y largo plazo no forma parte del mundillo económico, sólo el largo plazo tiene la dimensión de tiempo y espacio vinculado a la duración del Gobierno de turno. Se determina que a cambio de administración, se cambia todo, tanto así lo que funcione correctamente.
Mensaje destinado a los amigos resultadistas Brasil es acreedor internacional. Argentina sigue siendo deudor.
Brasil valorizó su moneda de R$ 3,60 (en octubre de 2002) a R$ 1,65 (en mayo de 2008). Argentina sigue con el peso artificialmente desvalorizado, uno de los pocos, por no decir el único país, donde el dólar, hasta el momento se aprecia.
Brasil en cuanto a su política comercial genera programas públicos para cambiar los productos de su pauta exportadora y darles valor agregado, aumenta sus exportaciones a pesar de la valorización del real y sigue sin aplicar retenciones.
Mientras, lamentablemente Argentina aplicó las retenciones exageradas especialmente al campo, uno de los motores más importantres de su economía, disparó conflictos con diversos sectores económicos, cerró “temporariamente” la exportación de importantes productos de la pauta exportadora (carnes, trigo, etc.) y los subsidió en el mercado local.
Y como si esto fuese poco Brasil acaba de obtener el Investment Grade, y tal como lo pronosticamos ha ingresado en las grandes ligas pasando a competir, además creció desde el 2004 a una tasa promedio del 4,5 por ciento, la serie mayor de los últimos 20 años, en los cinco últimos años multiplicó por tres sus exportaciones, anulando , además, los efectos de la inflación.
Argentina por el contrario, no supo aprovechar la coyuntura internacional, donde la soja es, por ahora fulgurante estrella, lamentablemente vio bajar su calificación y el Gobierno juega a un programa económico sustentado en el crecimiento sin considerar el control de la inflación, lo que no es lo conveniente, quedan algunas fichas, el calendario pasa, Brasil, deja algunas en el camino, que Argentina lo sepa aprovechar.