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Año X - Madrid, viernes 23 de mayo de 2008
 
Opinión
 
Lo difícil del camino unitario venezolano

Santiago José Guevara García (Valencia, Venezuela)

La democracia venezolana iniciada en 1958 tuvo un corto lapso de modernidad y un prolongado proceso de desgaste que desembocó en la pesadilla chavista, un proyecto personalista, de clara intención totalitaria y marcado peso del militarismo y el populismo.

La democracia venezolana debe recuperar los parámetros fundamentales de una democracia moderna. Entre otras cosas, para no terminar de desperdiciar las inmensas oportunidades financieras presentes, de cara a su relanzamiento económico.

Pero, no están presentes las condiciones políticas para ello. El inmediatismo y la superficialidad imperan. La iniciativa para definir un nuevo pacto social ni siquiera existe. El tema del Proyecto de País resulta esquivo: la dirigencia política establecida desecha los aportes en ese sentido y lo “resuelven” con una ligereza inaceptable. La unidad política está atravesando, a pesar de las apariencias, por un trance difícil y traumático.

No hay, en la dirigencia partidista, un liderazgo esclarecido, de manejo profundo de la política misma y de los requisitos actuales para su ejercicio. Tanto que, la dirigencia virtual de la política de los sectores democráticos está en las ideas y manejos de dos editores, sin arraigo político ni redes para la organización y movilización.

Pero aún más, falla la elaboración doctrinal, política, estratégica y organizativa de la nueva política democrática venezolana. Análisis de situaciones, exploración prospectiva y estratégica, criterios de éxito en lo económico y lo social, prioridades nacionales, agendas de los diversos temas y sectores, agentes activados y trabajo político en el día a día son carencias actuales en el ejercicio político.

Dos de ellas nos parecen cruciales: la clarificación prospectiva y estratégica en el sentido del progreso, que no puede ser sino en términos de una economía fuerte y una acción estatal reguladora y reparadora y la activación de los agentes de progreso.

La exploración prospectiva y estratégica es el manejo de los futuros que se nos podrían venir encima y la determinación o construcción de aquél que nos conviene. En la era actual, ningún escenario puede confinarse sólo al ámbito nacional. Hoy, tengámoslo claro, no hay opción: o nos interesamos por el mundo o fallamos.

Sin embargo, los venezolanos somos refractarios al reconocimiento de lo externo, aunque resulte inevitable. Y seguimos aferrados al petróleo. La competitividad global, los bloques económicos y políticos, la geopolítica mundial y regional, la institucionalidad multilateral, las variables culturales planetarias, etc., son componentes determinantes y a veces decisivos –pero ausentes- de los escenarios presentes. Porque permiten definir el mejor proyecto de país posible.

Y aún falta la activación de los agentes de progreso. Es la puesta en juego de las capacidades humanas y organizativas disponibles, bajo claros criterios de orientación, información, motivación, organización, ejecución y control. Para el progreso, repito.

Suena sencillo, pero representa superar con hechos toda la cultura y, sobre todo, la práctica política establecida. Enfrentar las deformaciones, desviaciones, mañas, etc., que han llevado a la relación entre política y gente al nivel de desamor en que se encuentra.

O la distancia, rechazo, indiferencia o vergüenza de gruesos sectores que han aportado a la causa de la libertad y la democracia, pero no traspasan el umbral de la política organizada. Unos, víctimas de la parte oscura de la historia política referida; otros, no interesados, no convencidos o no enterados de que políticos somos todos.

Como ven, nada fácil el reto inmediato. Pero, absolutamente necesario. En eso andamos. Y en vez de conceder a la superficialidad, profundizamos la acción política.
 
 

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