Latinoamérica debe prestar atención al reciente discurso de Barack Obama dirigido a ella. También entender que debe ser la oportunidad para plantearse mayor iniciativa y proactividad en su relación con el sistema político norteamericano.
Lo más sugerente del speech no es su aspecto más reseñado: una “nueva alianza para las Américas”, sino su afirmación de que “es hora para una nueva estrategia” y, sobre todo, el señalamiento de los principales elementos conceptuales que la orientan: democracia, oportunidad desde las raíces, crecimiento económico, asistencia financiera, seguridad e iniciativas regionales energéticas.
Notarán que no se menciona el tema comercial, principalísimo interés de EEUU desde hace catorce años. Es un cambio auspicioso. Define una inmensa oportunidad a la región para participar en el diseño y construcción de una nueva agenda, mucho más promisoria para la inserción en el mundo global. Sin extremismos; por ejemplo, en descartar el tema comercial, pero tampoco con ignorancia, que impida asentar sobre una eventual mesa de negociaciones, el tema del crecimiento competitivo.
Latinoamérica no debe esperar por la nueva estrategia. Ni siquiera por el triunfo del candidato demócrata. Es desde ya que debe comenzar a asentar la nueva agenda.
La región ha cambiado. En aspectos, para bien; pero en varios otros, para mal. Los sectores democráticos, libertarios y progresistas o se han dejado robar la iniciativa por los populistas o han aceptado sin chistar la exclusiva orientación librecambista. Es la hora de una efectiva y duradera conciliación de elevados intereses, sobre una base prospectiva y estratégica creativa y de maximización de resultados para ambos sectores del continente.
Y me voy por la calle del medio: olvídense de los TLC. Es una propuesta extrema y del lado contrario al perfil político regional actual. Ese perfil define un entorno político de amplio disenso y permite acuerdos sólo hacia el centro del espectro. Los TLC son una propuesta unidimensional que no resuelve el nudo gordiano del problema: la inducción del crecimiento económico pleno, que es otra dimensión, solapada por los temas comerciales.
Es hora, entonces, de definir un proyecto continental de integración o de relaciones, montado sobre un modo viable de constitución de una gran área hemisférica, de interés a ambas sociedades, al norte y al sur del Río Grande. Que tiene que estar marcado por un concepto concreto y práctico, que respete la amplitud de opciones nacionales existentes, pero se dirija, sin lugar a imprecisiones, a un campo expresamente definido de acción común.
Hemos abonado (en Hispalibertas.com, por ejemplo), como primer paso, a la idea de un nuevo piso o modo de integración latinoamericana, apoyado en un programa mínimo común, con áreas de acción estén claramente definidas e intención fundamentalmente dirigida al desarrollo y la inclusión y no sólo a la apertura comercial. Se concreta en un esquema, que para simplificar y conciliar, hemos bosquejado en términos de “comercio para la simetría” + “crecimiento inducido”.
Se debe formular las agendas de liberalización comercial y crecimiento aceptable a todos. Agendas abiertas, muy ambiciosas o situadas en los extremos de las opciones de política disponibles, sea en lo comercial, sea en el crecimiento, representan una concentración de intereses, una clara posibilidad de disenso y un choque con “restricciones fundamentales al crecimiento” que seguirían ejerciendo la influencia negativa que hasta ahora han ejercido.
Proponemos, entonces, 1) un nuevo piso de integración, determinado por 2) una estrategia hemisférica específica para el desarrollo y la inclusión orientada por “criterios de éxito” precisos y 3) desplegada en una agenda efectiva y sencilla. Seguiremos.