El empresario conservador Ricardo Martinelli luego de intentarlo en comicios anteriores alcanzó la primera magistratura imponiéndose con comodidad en las elecciones presidenciales en Panamá. La victoria del candidato derechista fue abrumadora, así el presidente del Tribunal Electoral del país centroamericano, Erasmo Pinilla, lo declaró "ganador indiscutido" con el 61% de los votos. Su principal rival, la candidata por el oficialismo Balbina Herrera se situó por demás rezagada, ya que fue derrotada por más de 20 puntos porcentuales. El electo presidente prometió gobernar codo a codo con la oposición, liderada por Herrera, por el bien común de los panameños. "Vamos a trabajar en un gobierno de unidad nacional, porque todos somos panameños y tenemos que cambiar este país", sostuvo Martinelli, el que lideró una alianza de derecha encabezada por su partido Cambio Democrático (CD). Martinelli reiteró su invitación a trabajar en conjunto en su primera alocución, ya victorioso.
Educado en Estados Unidos, seguramente su única semejanza con el presidente ecuatoriano Correa, Martinelli es un empresario exitoso dueño de la mayor cadena de supermercados de país, dejando bien en claro que promoverá el libre comercio, lo que redundará en la llegada de inversiones extranjeras en beneficio al país, que a modo de ser sinceros, ya se lo tiene muy en cuenta, como muestra, las importantes inversiones españoles en el área del Real Estate. Herrera, quien fue ministra de Vivienda del presidente saliente, Martín Torrijos, reconoció la derrota, sosteniendo que "va a respetar la decisión que el pueblo panameño ha determinado en este momento", "Ahora es que nos toca vigilar bien las cosas que nos prometieron", agregó Herrera, quien se declaró "líder de la oposición", evidentemente si a futuro cada sector respeta y valida sus dichos, el resultado más que positivo para Panamá, por consiguiente un mayor bienestar para el pueblo, es elogiable que se marque una diferencia, de una buena vez, entre países coherentes y respetuosos de las minorías, situación que algunas adminsitraciones de la región parecen haber perdido. Con el triunfo de Martinelli, Panamá muestra un quiebro de la tendencia de otras dos naciones que han elegido o reelegido presidentes de izquierda este año: El Salvador y Ecuador.
La administraciòn Martinelli sustituirá al gobierno centrista de Torrijos, del Partido Revolucionario Democrático (PRD). Durante la campaña, Martinelli prometió crear empleos, lo que -según los analistas- le ha valido la preferencia de los sectores más pobres (antiguamente la base de poder del PRD). También dijo que combatiría la corrupción y aplicaría "mano dura" al crimen en un país afectado por la violencia del narcotráfico y las pandillas, además del electorado independiente. Como conrtrapartida, el apoyo electoral a los otros dos candidatos presidenciales, la ex ministra Herrera y el ex presidente Guillermo Endara, provino fundamentalmente de afiliados a partidos políticos. Herrera debió enfrentar un escenario adverso en momentos en que el gobierno lucha para paliar los efectos de la crisis global.
Se estima que este año el país crecerá sólo un 3% debido a la retracción del comercio internacional y a una menor demanda en el sector de la construcción, que en su momento fue pujante. El próximo mandatario deberá enfrentar el desafío de ampliar el Canal de Panamá, un proyecto de 5.000 millones de dólares que permitirá la navegación de modernos y enormes buques-tanque. Unos 2,2 millones de panameños estaban habilitados para votar en estos comicios presidenciales, los quintos desde el regreso a la democracia en 1989. Además se eligieron 71 diputados, 75 alcaldes y 20 miembros del Parlamento Centroamericano (Parlacen) para el período 2009-2014. Así están las cosas, Panamá espera confiado, sólo resta esperar que tanto el oficialismo y la oposición no lo defrauden.