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Año X - Madrid, viernes 22 de mayo de 2009
 
Opinión
 
La otra lectura venezolana

Santiago José Guevara García (Valencia, Venezuela)

sjguevarag@gmail.com

Son en apariencia noticias diferentes e inconexas. Algunas de ellas ya desprovistas de relevancia, desdeñadas por repetitivas o vistas fuera de contexto. La matriz de análisis establecida asigna importancia a unas y no a otras. Tanto a las económicas como a las políticas. Pero, ambas admiten otra lectura. Una que las relacione. Las noticias sobre la masiva corrupción gubernamental; la desbordada inseguridad; el vaciamiento de las competencias de estados y municipios desafectos; la clara militarización de la vida civil; el amedrentamiento a medios, instituciones y sociedad; etc., no son analizadas en una perspectiva económica.

Otras, del ámbito convencional de la economía, no se ven en perspectiva política. Y, sin embargo, todas confluyen en lo mismo: el avance compulsivo del proyecto que una pequeña parte de la nación le está imponiendo a toda ella. Es forzoso recordar a estas alturas, que la economía y la política no se relacionan sólo en el campo de la política económica.

También lo hacen en el de la Economía Política. Y esa es la lectura necesaria en la Venezuela de hoy. Los niveles de corrupción no son cualesquiera. Sobre el famoso tema de la valija decomisada en Argentina circula una versión distinta a la impuesta, que refiere una larga historia de trasiego de divisas al más alto nivel, protagonizada, al servicio del gran beneficiario, por altos funcionarios estatales; al costo, en algunos casos, de severos problemas emocionales. Resulta chocante, pero ya existe una nueva burguesía, de origen corrupto, que cambió el mapa del “empresariado” nacional.

Lo que se dice de la familia presidencial en su estado natal, Barinas, también redefine quiénes son los poderosos en ese medio. Igual, podríamos abundar en interpretaciones económicas de la inseguridad, la recentralización, el miedo, la militarización, etc.

Pero, no disponemos de espacio. Tendremos que conformarnos con revisar lo convencionalmente económico. La semana pasada referíamos lo que para todos los analistas es el descontrol inflacionario por causa de la política económica oficial. Es obvio que el gobierno no cuida la inflación. No es su interés. No lo hace y no le importa. Tampoco que se lo digan. Lo que pasa con los estrategas oficiales es que la inflación, para ellos, no es un problema: el estado se enriquece y los agentes privados –empresarios y trabajadores- se empobrecen.

La inflación, decíamos, es un ariete económico al servicio de los fines políticos chavistas: más Estado y menos sociedad. Igual pasa con el conjunto de medidas de marzo. Las medidas anticrisis del gobierno venezolano no se parecen a ningunas en cualquier otra parte del mundo. Mientras lo procedente y hecho en todos los casos es el alivio fiscal –vía tributos y gasto- y unas políticas monetarias, financieras, cambiarias y sectoriales facilitadoras, en Venezuela no sólo la política económica, sino la arremetida confiscadora, sancionatoria, intimidadora, etc., resultan en una mengua neta de lo privado y social. En ese proceso triple presente: acoso y merma dela sociedad, sobredimensión de lo público y apropiación del Estado por una cleptocracia reducida, se definen los términos de la actual conducción nacional.

Se entiende, entonces, cómo calzan la corrupción, la recentralización, la militarización y el amedrentamiento de la sociedad por distintas vías. Es una macabra Economía Política en la cual todo encaja y todo se explica. Los problemas económicos no lo son de política económica. Ya lo decíamos y lo repetimos: es que la lectura y el manejo de la realidad económica venezolana actual debe darse en el plano de la Economía Política, que es otra cosa.

Es en el plano de las relaciones entre Estado y sociedad que debe centrarse el análisis. A la sociedad venezolana se la pone cada vez más al servicio de un proyecto político parcial, que se apropió del Estado y pretende hacerlo con la sociedad, reconstruyéndola –reduciéndola- a su imagen y semejanza. En esa lectura, el manejo económico necesario a los sectores democráticos y progresistas es distinto al conocido. Ya murieron las propuestas ingenuas de diálogo, conciliación o negociación. Lo que procede es la acción colectiva, de inspiración ciudadana, con inteligencia política (diseño, contenido, acción) y plena conciencia de las debilidades y amenazas mayores presentes. La sociedad venezolana está contra la pared y frente al peligro. Sólo son válidas, en este preciso instante, estrategias para no perder. Esas son de forzosa coalición.

 
 

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