La diferencia que separa a Noboa de Correa permite entrever una durísima campaña para la segunda vuelta así como una gobernabilidad incierta para quien asuma la Presidencia ecuatoriana. Ecuador se transformó en uno de los países más inestables de la región: desde 1997 los tres presidentes elegidos democráticamente fueron destituidos por una combinación de manifiestos populares y maniobras políticas en el Congreso.
La victoria en la primera vuelta de estos dos candidatos que representan dos visiones contrapuestas de la política ecuatoriana, nos lleva a predecir una polarizada campaña electoral de cara a la segunda ronda, de la que saldrá el sucesor de Alfredo Palacio.
Fruto de la crisis política que afecta al país, el resultado de la elección puso sobre la carpeta las profundas diferencias que dividen a esta sociedad, que apoyó a dos candidatos con incompatibles visiones, lo que difícilmente garantizará la tan ansiada estabilidad política y social del país.
Sorpresivamente y a pesar de lo que presumían los encuestadores, el candidato derechista Álvaro Noboa obtuvo un caudal de votos superior a lo esperado, mientas que el candidato de la izquierda, Rafael Correa, estuvo lejos de lograr la holgada victoria que pretendía y que aseguraba su triunfo en la primera vuelta.
Esta situación se debió al diferente enfoque -tan disímil como las perspectivas de país que cada uno tiene- que le ha dado cada candidato a su campaña en la recta final y que, sin lugar a dudas, resultados a la vista, trajo mejores réditos a Noboa.
El discurso central de Correa, eminentemente político, con propuestas de cambio y de refundación de país que, sinceramente, le fue muy fructífero en el inicio de la campaña y le permitió despegarse en las encuestas, llegó en las últimas semanas a un límite que el candidato no supo, o no pudo, identificar a tiempo. Por su parte Noboa optó, por un discurso más cercano al elector, con promesas a diestra y siniestra en temas como viviendas, empleo y ‘microcréditos', lo que le valió un creciente apoyo, reflejado en los últimos días de campaña.
Los resultados muestran que la candidatura de Correa se apagó en las últimas dos semanas por un exceso de triunfalismo y por un convencimiento de que la campaña seguía apuntando en un sentido correcto, que era seguir criticando a la ‘partidocracia'.
Frente a ese discurso, apareció uno más modesto en cuanto al cambio político y con propuestas más cercanas a la gente. Mientras Correa proponía convocar a una Asamblea Constituyente para recomponer la malherida democracia ecuatoriana y expresaba su oposición al Tratado de Libre Comercio con EEUU, y su repudio a la que llamó PUM (Partidocracia Unida Mentirosa), en franca referencia a los partidos tradicionales -temas que inicialmente tuvieron buena respuesta del electorado-, Noboa se dedicó a recorrer el país, haciendo ofertas concretas a los sectores más pobres. Así se conectó con el electorado por su campaña basada en la cercanía y el ‘asistencialismo'. En cada acto proselitista Noboa regaló sillas de ruedas a discapacitados, computadoras a colegios y dinero en efectivo, al tiempo que prometió construir 300.000 viviendas por año y generar un millón de empleos. Es decir, hechos concretos, demagógicos, pero hechos al fin.
Noboa se ocupó, además, de confrontar directamente con Correa ya que el discurso de cambio de este último dio espacio a un discurso de derecha que agitó los miedos que la sociedad ecuatoriana, tradicionalmente conservadora. En efecto, las de Correa y Noboa son dos visiones opuestas de país y de hacer política; ambos y ambas transitan el camino hacia un final que sólo el pueblo ecuatoriano conoce. |