El Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Union Europea (UE) vuelven a negociar, pero el acuerdo se ve lejano, ya que existen las mismas diferencias que en setiembre de 2004.
Representantes de la UE y el Mercosur decidieron retomar las negociaciones para lograr coincidencias ante un tratado de libre comercio (TLC) entre ambos bloques, tratando de sacar las negociaciones del estado de hibernacion a las que entraron hace ya dos años.
Así, para empezar, el Mercosur ha puesto una condición que la U E ya conoce: que cualquier negociación es posible siempre y cuando el punto primario a tratar sea la llamada cuestión agrícola, o sea, las exportaciones de productos primarios y elaborados del sector agropecuario. Esto, llevado a los extremos, significa que el Merocur no acepta discutir (ni aún en paralelo) todo aquello que a los europeos les interesa, si antes no se cierra el tramo agrícola.
Existen asimetrías importantes en cuanto a cuestiones de sensibilidad, por ello no se debe ser apresurado en ofrecer más, dice el bloque sudamericano, cuando se tiene que escuchar un tema ta primitivo como el agrícola. De esta manera se presentarán a la UE números de agricultura, de productos no agrícolas y de servicios, siempre con la condiciòn de que la UE dé los de agricultura.
Un solo dato ilustra al máximo el tenor de la pulseada por venir, tanto como su incierto final. El Mercosur pretende que la UE acepte una couta de productos agropecuarios equivalente 5.000 millones de dólares, y aunque no sea inmediata, se colarían por allí, entre otros, carnes vacunas, lácteos, pollos, cereales, bananas, ajo y arroz. Pero, hasta el momento, y bajo la fuerte presión de sus productores, la UE ha ofertado un cupo de sólo 1.000 millones.
La aspiración de los sudamericanos no sería excesiva, si se considera que 5.000 millones de dólares no llegua a cubrir ni el 4 % del consumo agrícola europeo; lo que la UE ofrece, es apenas el 0,7% y es muy escaso frente a la contrapartida que pide -parece un argumneto tan razonable como vano, si se mide por los resultados obtenidos hasta el momento-.
Está claro que la UE pugna por sus bienes industriales, los servicios y las inversiones, porque es donde cuenta con ventajas relativas cuantiosas, de la misma manera que lo que sucede con el Mercosur y sus productos agropecuarios.
Habrá, sin duda, sectores que se beneficiarán con el acuerdo. La globalización del complejo automotor es un ejemplo. Para otros, la competencia europea, aunque sea gradual, puede poner en riesgo su supervivencia y la de miles de puestos de trabajo.
Esta danza de presiones se ha recrudecido últimamente, aun así no es pura casualidad que las negociaciones Merocosur-UE hayan consumido ya 11 años, ni es improbable que esta nueva búsqueda de un entendimiento también pueda quedar atascada.
Tampoco hay que olvidar que un TLC requeriría inevitables políticas de reconvensión y de apoyo interno entre los países que conforman el Mercosur ya que hay proporciones y diferencias cualitativas. Así el PIB de la UE es 14 veces mayor al del Merocur, el 92% de las importaciones que llegan de la UE son bienes industriales y el 62% de las exportaciones del Mercosur son productos agropecuarios, pesqueros, minerales e hidrocarburos.
Los acuerdos comerciales implican producción y empleo, pero demandan al mismo tiempo medir los costos propios y obtener contrapartiads que los justifiquen. De eso, ni más ni menos, tratan las prolongadas negociaciones entre ambos bloques. |