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Año IX - Madrid, viernes 2 de noviembre de 2007
 
Opinión
 
¡La microeconomía, estúpido, la microeconomía!

Santiago José Guevara García* (Valencia, Venezuela)

A partir de la reciente reunión de octubre del FMI, todos los analistas institucionales, sobre todo los bancarios, adoptaron el equivocado discurso, reforzado por la agencia AP , que proclama el mantenimiento del crecimiento de la región latinoamericana. Todos se equivocan. No sólo no hay expansión, sino que el crecimiento no se mantiene: es inferior al real del año pasado e igual pasa con el estimado para este año y el próximo. ¿Dónde está la expansión entonces?

¿Error o engaño? Si fuere lo segundo, como lo creo, ¿a quién beneficia? De algo estoy seguro: a muchos, menos a la región. Un crecimiento sobre commodities , remesas y mercados de países temblorosos ante las implicaciones globales del poderío financiero asiático, no es precisamente una buena apuesta. ¿Fatalidad regional o espejismo en el manejo?

Me voy por lo segundo. O se es cabeza, o te toca ser rabadilla. En la economía actual, ser cabeza tiene que ver con innovar constantemente valor agregado secundario o terciario, flujos financieros favorables y polos económicos de clase mundial. Eso existe en la región, pero no como fenómeno regional: casos aislados nacionales (Chile, Brasil, Colombia, etc.) no hacen verano. Son golondrinas solitarias. No cumplimos regionalmente el viejo precepto perrouxiano de creación de “macrounidades”: cada nación se contenta con crear rentas (algo muy distinto al crecimiento capitalista), importamos (cada vez menos) en vez de exportar capitales y no disponemos de un mercado regional propio consolidado y en expansión.

Las razones se hallan en dos esferas: los ajustes macroeconómicos y estructurales y el conjunto de medidas agrupadas alrededor del llamado “Consenso de Washington”, incluso las de “segunda generación”, son relevantes, pero insuficientes.

Falta precisamente un nuevo enfoque del plano micro, en la línea de las llamadas “intervenciones microeconómicas”, que se relacionan estrechamente con los asuntos de la productividad y competitividad de las empresas y agentes económicos en general. Progresos sobre la vieja supply-side economics, de la señora Thatcher y Reagan, pero puesta al día y regionalizada.

En las precisas condiciones actuales del entorno regional y conocida la evolución del pensamiento económico y extraeconómico de los últimos 20 años, eso implica la puesta en escena de un conjunto completo de iniciativas innovadoras de política pública. Por ejemplo, en infraestructuras, capital humano así como en producción y gestión del conocimiento, para lograr exportaciones de alto valor agregado.

Nuestro planteamiento en el plano de la gestión del desarrollo podría exponerse, en una primera aproximación, en los términos siguientes: una política pública integral, útil a fines económicos y sociales, se concreta y se potencia a través de la inteligente permeación de la acción individual (micro), con base en la más focal coordinación institucional, dentro de políticas innovadoras, territorialmente concretadas en lo local y regional.

Sobre eso, que ampliaremos, tenemos tres años trabajando. El actual ciclo ya dio lo suyo. Seguiremos siendo rabadilla. En términos freudianos, estamos frente a otro “acto fallido”. América Latina lo que exige es un nuevo modo de desarrollo e inclusión. En eso andamos.

*Economista y planificador venezolano. Experto en gobierno y gerencia

 
 

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