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Año IX - Madrid, viernes 16 de noviembre de 2007
 
Opinión
 
México, ¿país petrolero?

Por Álvaro Rios Roca*

Un análisis de la composición de la demanda de energías primarias a escala mundial al año 2006 muestra que el petróleo convencional representa aproximadamente el 35,7% del total, mientras que el carbón le sigue con alreded or del 28,4%, el gas natural con un 23,7% y el restante 12,2% c or responde a otras energías primarias como la hídrica, nuclear, solar, eólica, térmica, los biocombustibles y otro tipo de energías de aún menor uso.

Enormes esfuerzos políticos, tecnológicos, humanos y económicos se vienen concretando para tratar de diversificar la matriz energética mundial y alejarse de los finitos combustibles fósiles y muy en especial del petróleo. Esto debido a la extrema volatilidad en los precios y a la contribución de todos ellos al calentamiento global, fruto de los gases de efecto invernadero durante su combustión. Esfuerzos nada sencillos de concretar, debido a la adicción en el uso, desarrollo tecnológico y nivel de infraestructura que existe para la producción, transp or te y distribución de estos energéticos de origen fósil.

Muy a pesar de los esfuerzos señalados, no queda la menor duda que los fósiles y en especial el petróleo, continuaran siendo las fuentes más importantes de suministro de energía primaria en las próximas tres décadas ( 75 a 80%). Los escenarios futuros de oferta y demanda nos señalan que la demanda de energía se incrementará en aproximadamente un 50 a 55% en las próximas tres décadas, fruto de un fuerte incremento de la población mundial de los 6.500 millones de personas actuales a más de 8.000 millones hacia el año 2030, así como el acelerado crecimiento económico que se pronostica en los países en vías de desarrollo, muy particularmente en China, India y otros países de Asia, que demandarán energía adicional a un ritmo anual cercano al 3,2% y que a su vez, impulsarán la demanda de energía a escala global.

Latinoamérica y el Caribe (LAC) no escaparán a esta realidad mundial y la región continuará haciendo denodados esfuerzos para tratar de diversificar su matriz energética. De la misma manera, varios países de la región son todavía altamente dependientes de la producción y exportación de hidrocarburos, entre ellos Venezuela, Bolivia, Ecuador, Trinidad y Tobago y México. En este contexto de un nuevo orden energético mundial y regional es importante analizar la problemática petrolera del país azteca.

Por décadas el petróleo ha sido y sigue siendo uno de los principales rubros de exportación y de generación de ingresos a las arcas mexicanas. Un rápido análisis de lo que viene aconteciendo en relación a reservas y producción petrolera debe hacernos reflexionar sobre la sostenibilidad y viabilidad de esta industria en México.

En 1996, las reservas mexicanas de petróleo convencional ascendían a 48,5 miles de millones de barriles (MMMbbls), representando el 4,62% del total mundial y el 34,8% del total de las reservas de LAC. Sólo una década después, es decir el año 2006, las estadísticas anotan que México tenía reservas acumuladas de petróleo de 12,9 MMMbbls, representando el 1,06% de total mundial y 11,1% del total de LAC. Una caída en reservas del 35,6 MMMbbls, es decir, un 276% en diez años o un 27,6% por año.

Con relación a la producción de petróleo, la necesidad de ingresos por renta petrolera ha hecho que la misma vaya en aumento. Así el 1996 la producción ascendía a 3,277 Mbbls/día representando el 4,68% del total mundial y el 34,8% de LAC. Al año 2006, la producción fue de 3,683 MBbls/día, representando 4,5% del total mundial y 34,9% de LAC. Un incremento en la producción de 406 Mbbls/día, que representa un 11,0% en 10 años o un 1,1% anual.

La relación reservas producción, en años, nos muestra más contundentemente la preocupante realidad mexicana en materia petrolera de reservas decrecientes y producción en aumento. En 1996 la misma era de 40,5 años, mientras 10 años después, en 2006, fue de 9,6 años. Para comparación, existe una relación reservas producción mundial de 40 años y de 30 años para LAC el mismo año. Sin duda, que la situación resulta seria y lo peor es que la tendencia indicada es básicamente la misma para el gas natural.

Lo positivo es que México está todavía a tiempo de hacer una profunda reforma energética, que involucra considerar tres importantes aristas. En primer lugar existe todavía un extenso potencial exploratorio en territorio mexicano, tanto costa afuera (léase Golfo de México) como costa adentro. Segundo, el mercado será creciente para el petróleo, gas natural y sus derivados, tanto en el mercado interno como externo. Tercero, sólo se requiere de cuantiosas inversiones tecnológicas para explorar, explotar y procesar los recursos hidrocarburíferos.

Esta última, empero, es la arista del millón a considerar seriamente. ¿Dónde conseguir esta cuantiosa inversión y también tecnología? A nuestro entender, sólo existen dos caminos. Hacer una profunda reforma a la estructura de funcionamiento de Pemex, que le permita mantener el monopolio, dejar de transferir fuertemente a las arcas del Estado y reinvertir vigorosamente en toda la cadena con alta eficiencia y tecnología. Hay experiencias regionales de transformación de empresas estatales que pueden ser adaptadas y hasta permitir la internacionalización de Pemex, para así diversificar el riesgo.

Otro camino, involucra también hacer una profunda reforma a la estructura de funcionamiento de Pemex, además de realizar ajustes a la Constitución o Leyes vigentes, que permitan que la estatal petrolera pueda asociarse al capital público y privado internacional, diversificando y compartiendo el riesgo, adquiriendo tecnología y no sacrificando muy fuertemente las arcas del Estado mexicano.

México es y debe continuar siendo- un país petrolero, para así contribuir al desarrollo económico y social de sus ciudadanos. Empero profundas reformas deben venir en muy breve tiempo para no permitir un colapso de la industria o de una eventual privatización de emergencia de Pemex.

* Álvaro Ríos Roca, fue secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) y ministro de Hidrocarburos de Bolivia.

 
 

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