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Año IX - Madrid, viernes 16 de noviembre de 2007
 
Opinión
 

Desgracia cubana

Aurelio Pedroso (La Habana)

A los sinsabores del día a día, ahora los casi dos millones de cubanos que residen en la zona oriental de la isla cargarán sobre sus espaldas el mayor desastre natural de todos los tiempos recordables.

Dos fenómenos climáticos y una señora tormenta tropical de por medio llamada Noel fueron los responsables de que prácticamente durante dos meses no cesara de llover. Un largo episodio que hizo recordar a los más viejos aquel huracán Flora , que en 1963 dejó el saldo de más de 2.000 muertos contra uno en la actualidad, pero Noel trajo tanta lluvia como nunca antes.

El balance no ha podido ser más trágico. Casi 500 millones de dólares y la cifra aún puede y debe crecer. Una cifra muy similar a la deuda con España, exceptuando los 300 millones que son negociados en el Club de París.

El sector agropecuario y forestal resultó el más afectado y los daños se calculan en 305 millones, con pérdidas valoradas en 91 millones por concepto de productos destruidos y 78 millones para replantarlos. Desde otras provincias menos afectadas, y ninguna solvente en temas de producción agrícola, ya comienzan a llegar alimentos para los damnificados.

La vivienda, si es que así se le puede llamar a muchos inmuebles que la televisión permitió observar, padeció otro tanto de los efectos del diluvio. Han sido estimadas en 1.137 con derrumbe total, 2.548 con derrumbe parcial, 7.939 perdieron el techo y 10.363 parte de él. Y mucho cuidado ahora cuando salga el fuerte sol y dilate estructuras.

Todo esto, un botón de muestra de los daños, que deberán aumentar. Carreteras que habían logrado evadir los efectos destructivos de las lluvias, se hacen intransitables con la parición de múltiples manantiales que brotan desde el asfalto.

El Ejército ha tomado cartas en el asunto y helicópteros de carga transportan comida hacia zonas aún incomunicadas y sus brigadas ingenieras, junto a homólogas del Ministerio de la Construcción , la emprenden contra puentes barridos por la fuerza de las aguas crecidas.

Meritorio y muy cubano ese principio de solidaridad para con el paisano. En centenares de viviendas fueron acogidas familias que habían perdido sus hogares.

Algunas autoridades sanitarias consultadas no consideran en extremo grave que una vez cesadas las lluvias se presenten epidemias que no se puedan controlar porque la isla dispone de lo necesario para hacerles frente.

La capital de la provincia Granma, por ejemplo, carece de agua potable y nos referimos a un millón de habitantes. Una soberana desgracia para un pueblo que se caracteriza por darlo todo a otros necesitados y aún no se sabe nada de la ayuda de la comunidad internacional. Así es la vida.

Tanto, que hacia México, donde Noel hizo también sus estragos, ha salido casi medio centenar de médicos, dos hospitales de campaña y unas 200 toneladas de medicamentos.

 
 

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