Después de 16 meses sin aparecer en público y después de que muchos lo dieron por muerto, se ha vuelto a destapar el interrogante de si el líder cubano, de 81 años de edad, volverá o no al poder.
El presidente interino, Raúl Castro, segundo al mando en todos los cargos que ostenta Fidel, ha convocado a elecciones generales el próximo 20 de enero para elegir los diputados y delegados a las asambleas o gobiernos provinciales.
Se trata, para los no entendidos de las peculiaridades del proceso electoral cubano, de dar comienzo a una segunda etapa luego de haber culminado recientemente el proceso correspondiente a las instancias municipales.
El 2 de diciembre, las asambleas municipales deberán tener listos los candidatos que irán a las elecciones del 20 de enero. De modo y manera que para esa fecha podrá conocerse de la existencia o no de un Fidel Castro diputado. Nombramiento que no le quepa la menor duda a nadie corresponderá al líder cubano.
De entre los 614 diputados escogidos el 20 de enero, saldrán los 31 miembros del Consejo de Estado que serán conocidos a principios de marzo.
Después, todo dependerá del estado de salud del comandante en jefe, un auténtico misterio pese a que él mismo en su momento dejó por sentado que ya no era un secreto de Estado.
De cualquier forma, el tiempo transcurrido ha sido el que ha marcado las pautas. Fidel se ha dedicado a escribir, reflexionar y a centrar todas sus energías en aquella promesa de los días de la guerra en la Sierra Maestra: combatir sin cesar al vecino norteño. “Me he dado cuenta, Celia, de que ese será mi verdadero destino”, le escribía en ese entonces a su secretaria guerrillera.
Y Raúl, a continuar gobernando, muy probablemente con menos cargos encima y abierto a un proceso de descentralización de tantas jefaturas y bajo un estilo que ya le caracteriza.
En la calle abundan las opiniones. Un taxista, cercano a los sesenta años de edad, me lo explicaba de la siguiente manera: “Que Fidel siga dándole leña a los yanquis y que Raúl pueda enderezar este país”. |