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Año IX - Madrid, viernes 16 de noviembre de 2007
 
Opinión
 

El juego del oro negro

Juan Varde (Buenos Aires)

Si algún componente importante todavía no había  demostrado su fuerte injerencia en la lucha entre Venezuela y Brasil por el liderazgo regional, en los últimos días el Gobierno de Lula Da Silva difunde una noticia trascendental: Brasil ha descubierto un gigantesco yacimiento de petróleo en el mar, tras años de exploración. Según datos preliminares, el yacimiento contiene unos 8.000 millones de barriles, lo que de confirmarse colocaría al gigante sudamericano como el país con más reservas del mundo, y le convertiría en un exportador neto del codiciado ‘oro negro'.

Según cuenta la historia, hace 30 años, Brasil soñaba con autoabastecerse de petróleo. Era la gran ilusión perseguida después de la crisis de los años 70. Ahora, y tras este descubrimiento del yacimiento brasileño de Tupi (estado de Sao Paulo), el país se proyecta como un futuro gran exportador, situándose en un lugar más próximo de Nigeria y Venezuela. Gracias a una política coherente de Itamary -considerada de las más confiables y profesionales del globo-, este hallazgo aporta un valor agregado importantísimo al manejo político y económico de Brasil.

En las primeras consideraciones se estima que estas nuevas y grandes reservas de crudo son de la mejor calidad (cercana al Brent) e incrementan de un golpe en más de la mitad las reservas ya existentes. Esta novedad implica un salto de calidad que coloca en una posición de  privilegio al gigantesco país sudamericano.

Con los 8.000 millones de barriles de existencia ya probados en el yacimiento Tupí, ubicado en la cuenca de Santos, los brasileños ganan estatus internacional: llegan a los 23.000 millones de barriles de stock en su territorio. Claro que el crudo hay que buscarlo en profundidad y con un esfuerzo de trabajo realmente impresionante: se encuentra entre 5.000 y 7.000 metros por debajo del nivel del mar, con un lecho de sal y piedras que lo contiene por arriba. Con el nuevo descubrimiento, Brasil subirá del lugar 24 del ranking de las mayores reservas del mundo al privilegiado puesto ocho.

El descubrimiento se venía gestando desde hace largo tiempo. Claro que sólo tuvo efecto impactante a partir de un dato irreversible: el barril de petróleo ya está  pisando  los 100 dólares, y debido al ciclo largo de la economía, con el crecimiento de China y de la India, esta inversión goza de seguridad en el largo plazo.

El precio es un elemento central: el crudo hay que extraerlo a un costo lo suficientemente alto como para que su explotación tenga sentido si los precios finales del barril continúan a las cotas actuales. Como las reservas están localizadas a grandes profundidades, es preciso revisar los procedimientos de explotación de Petrobras en esa área.

Evidentemente ante esta realidad, no estamos tan alejados de suponer que en la zona sur de América Latina el crudo  promoverá y garantizará un sostenido crecimiento económico. Ahora depende de las diferentes administraciones poner manos a la obra y convenir esfuerzos con la única premisa de asemejar idéntico y extraordinario resultado como el logrado por el gigante sudamericano.

Como ejemplo categórico a la coherencia, Brasil ha decidido ser dueño de su destino energético y esto quedó evidenciado cuando suspendió, inmediatamente, la licitación al capital internacional de 41 áreas adyacentes al gigantesco yacimiento encontrado. Brasil  no  duda  de que el petróleo es "una cuestión de Estado”, muy cercana a la seguridad nacional, situación sobre la que no se negocia bajo ningún concepto  y no se detiene en cuestiones meramente  inapropiadas y sin contenido, sino en elementos contundentes,  prácticos, en los que la capacidad de decisión es absolutamente soberana.

El juego por el liderazgo regional continúa.

 
 

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