Han pasado
más de dos meses de aquel sorpresivo e inesperado aviso
o “proclama” del presidente Fidel Castro en el que
en voz de su secretario personal se daba a conocer por televisión
a Cuba y el resto del mundo que traspasaba “provisionalmente”
a su hermano el general de Ejército Raúl Castro
absolutamente todos los poderes al frente de la Revolución.
Una muy seria operación quirúrgica abdominal de
la que expertos nacionales e internacionales en cirugía,
además de otros muy entendidos-desentendidos hicieron diagnósticos
y pronósticos que aún permanecen sembrados en un
campo de minas especulativas.
Y por no dejar de hacer cosas, muy próximos al Malecón
habanero, a unas 90 millas náuticas, en la ciudad de Miami
algunos se tomaron la noche de larga fiesta convencidos como nunca
antes de que en Cuba hacía tanto calor como en la península
y que por tanto el equipaje debía consistir en ropa bien
ligera, de algodón preferiblemente.
La última declaración pública en torno al
líder cubano fue protagonizada por el canciller Felipe
Pérez Roque al asegurar que pronto el Comandante estaría
al frente de la Revolución.
Entretanto, muchos en Cuba no son tan optimistas y mucho menos
tienen el nivel de información del joven ministro. Aun
así, todo parece apuntar a que el presidente pudiera continuar
en franco proceso de restablecimiento lo cual no indica necesariamente
que con 80 años a cuestas, los rigores de una seria operación,
más otros achaques o accidentes ocurridos a lo largo de
los últimos años, Fidel Castro vuelva a ser Comandante
en Jefe, primer secretario del Comité central del Partido
y presidente de los consejos de Estado y Ministros. Para nadie
es un secreto que tanta carga de responsabilidades y decisiones
no conducirán a nada bueno para la República ni
para el propio Fidel como persona.
Con que sea simplemente Fidel Castro Ruz será más
que suficiente y quienes deban darle continuidad a un muy curioso
e interesante proceso en que muchas cosas no podrán ser
como antes tendrán en un Fidel vivo las respectivas luces
indicativas de los semáforos internacionales.
Raúl Castro (75 años de edad) no se ha tomado un
minuto de descanso. Lo dicen gente cercana al número dos.
Basta conocerle en estos 45 años de gobierno, sin ser cercano
a él, para percatarse de que se trata de un estilo bien
diferente al del hermano que este año arribó el
13 de agosto a las ocho décadas de vida.
Movida hay en la isla y me atrevería a asegurar que con
el paso del tiempo se hará más visible que el país
comenzará a vivir nuevas experiencias.
Quienes desde el exterior hagan sus apuestas con recetas donde
aparezca el término transición ya pueden ir retirándolas
a no ser que vengan acompañadas de una transición
hacia un socialismo más coherente.
|