El octogenario cantante compositor francés y de origen armenio Charles Aznavour ha puesto un pie en la isla para grabar junto a otro genio, el maestro Chucho Valdés, un disco donde se abrazan los géneros, timbres y sonoridades de Francia y Cuba.
Como “perfecta” catalogó Aznavour la relación con el cubano.
Quienes allá por los finales de los sesenta y setenta, entonces plenos de vigor juvenil, escuchábamos a Aznavour no le dimos nunca tregua a las duchas interpretando sus canciones, muchas de ellas cantadas en castellano. Y hasta más, algunas tuvieron un papel de primer orden en tal o más cual conquista amorosa porque entonces las canciones ayudaban en esos menesteres.
Éramos tan románticos que el cantante nos acompañaba desde aquellas magistrales pizzas (comenzaban a irrumpir a gran escala en los estómagos cubanos) que se vendían en el estadio Latinoamericano, por el módico precio de un peso más veinte centavos, hasta en las situaciones más insólitas que uno pueda imaginarse.
Pero además, en zafras azucareras desde el principio hasta el término de la contienda meses después, “Quién”, “Venecia sin ti”, “Buen aniversario” y otras tantas canciones de Aznavour compartían esa mezcla de rudo trabajo con su singular manera de invitar al sueño gracias a la música. Época de oro, dicen los críticos. Junto al francés nos llegaba lo mejor de España.
Los tiempos pasan y la gente cambia. Charles Aznavour parece que el tiempo no le ha hecho mayores estragos. Con sus 82 años a cuestas, se mueve con agilidad y trabajó durante más de una semana sin ocasión para visitar una ciudad que siempre le admiró, La Habana.
Aún así, muchos de los cubanos que se le acercaron lo hicieron entonando algunos de sus versos musicales. Extrema simpatía la del artista francés y nadie osó preguntarle por qué después de tanto tiempo se le ocurrió visitar la isla.
Habrá que esperar por el nuevo disco y tal vez alguna actuación que no descartó. Para entonces seguiremos ya algo mayores, aún con deseos de soñar preferiblemente despiertos. Eso sí con una pizzas ahora a diez pesos diseñadas para el más temerario de los estómagos humanos. |