Tiene el cubano una facultad prodigiosa como pocos en este mundo para fabricar rumores de bajo coste y elevada efectividad callejera o campestre. La isla, hoy por hoy, es un hervidero de “noticias” en torno a la salud del presidente Fidel Castro, que en igual cantidad se centran en las “reformas” de Raúl Castro, el hombre designado por el octogenario líder para darle continuidad a la revolución iniciada en el lejano 1959.
Los cubanos no se callan. Muchos de esos especialistas o ‘cubanólogos' que con pasión alquimista día a día intentan desentrañar la realidad y futuro de esta nación no saben cuánto se pierden por no estar presentes aunque sea sólo media hora en la parada de un autobús o en la fila (cola) también muy concurrida de una pescadería a la espera esta vez de esas croquetas salvadoras que no huelen a nada pero los técnicos alimenticios aseguran ser de pescado.
Aquí en Cuba es muy rara la persona que no tenga un pariente, vecino, amigo o simplemente un desconocido que después de venderle un mazo de pulpos supuestamente capturados en el Malecón, le ponga al corriente de cómo marcha la salud del comandante y las medidas que está “cocinando” Raúl para ponerlas en marcha con la mayor brevedad posible.
Hace sólo unos días, en el establecimiento estatal de venta de pescados y mariscos de una zona capitalina conocida como “La Copa”, en Miramar, un chino de China (no cubano ni descendiente de aquellos que trajeron el tren de lavado desde de San Francisco), profesor, según él, de varios nacionales que estudian ese idioma, recibía las más variadas explicaciones de la concurrida cola o fila. El asiático, entre mirar a cada bolsa que salía y preguntar el nombre del pescado y precio, escuchaba con esa paciencia de cuna, desde los comentarios más leales al Gobierno, hasta los más críticos o desafectos. En poco menos de 45 minutos cargaba con una bolsa de unos pescados llamados “roncos” y una visión casi perfecta de lo que piensa y dice el cubano. Dos pájaros de un tiro, como suele decirse.
La “rumorología” popular, hay que decirlo, no favorece el estado de salud de Fidel Castro. Lo presentan muy enfermo, sin posibilidades de recuperación y mucho menos de volver a las riendas del poder.
Entretanto, altos responsables del Gobierno no piensan así y de una u otra forma rompen rumores. El propio general Raúl Castro, el canciller Felipe Pérez Roque y el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón, aseguran que el líder va reponiéndose, que trabaja, imparte órdenes y que no está muy lejano el día en que asuma el timón principal.
Habrá que esperar al 2 de diciembre, 50 aniversario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias para ver qué sucede en esa celebración y en ese cuarto mes de convalecencia, porque por decisión escrita de Fidel Castro serán las fiestas por sus ocho décadas de vida..
Rumores a un lado, que no constituyen noticias según los manuales de estilo de grandes y pequeños diarios, lo cierto es que se avecinan acontecimientos. En el orden laboral, no hay centro de trabajo en el país que ahora mismo no se encuentre en plena faena con los nuevos Reglamentos Disciplinarios Internos, un instrumento jurídico cuyo objetivo es poner orden al desorden, “educar” a los trabajadores y hacer frente a indisciplinas e ilegalidades. Un propósito de alto vuelo con muchas particularidades y causas que tal vez no tengan explicación ni solución reglamentaria, sino de orden estructural porque el desinterés por un empleo está, de momento, condicionado a “cuánto me van a pagar y con ello qué podré solucionar”.
Entretanto, un bimotor, cargado de artilugios técnicos ha comenzado a volar por cielos de La Florida en horario estelar con el propósito de una vez y por todas llevar al occidente de la isla la señal de una televisora antigubernamental llamada TV Martí. El proyecto ha sido bautizado como “Aero Martí” y desde el pasado martes pretende ofrecer los partidos de la serie mundial de béisbol y programas informativos. Hasta el fin de semana, ni lo uno ni lo otro. La señal brilla por su ausencia.
Así vamos por Cuba, con rumores a diestra y siniestra, personalidades desmintiendo, chinos comprando pescado en moneda nacional, reglamentos para producir y no robar, y ese avioncito que también nos quiere contar cosas.
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