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Año IX - Madrid, viernes 19 de octubre de 2007
 
Opinión
 
La discusión latinoamericana necesaria

Santiago José Guevara García* (Valencia, Venezuela)

Contento del balance de comentarios al primer artículo: el respetado amigo virtual chileno, Don Patricio Orellana, me sitúa como pronorteamericano; Marco Saborio y mi amigo Daniel Gallardo, de Costa Rica, se declaran interesados en mis apreciaciones sobre su país; Domingo Gamarra, de la ULA venezolana, ampliamente receptivo, me solicita proponer “verdaderas políticas públicas” que se antepongan al populismo actual y diagnosticar los fracasos en la integración regional; Arelis Vivas, Orlando Chirivella y Antonio Alonso, calificados colegas de mi facultad, encomian la iniciativa de escribir y proponer una discusión pública. De eso se trata. La región tiene sólo dos o tres idiomas, pero, lamentablemente, mil formas de incomunicación.

¿Dónde está la gran tarea histórica del SELA y otros? ¿Quién está pensando el reto del desarrollo económico regional? Como tema común, digo; no como tareas nacionales. Aún más exigente: con base en el “estado del arte” actual, el aprovechamiento de la historia económica regional y el pleno manejo del entorno general enfrentado.

Lo que sabemos del FMI, Banco Mundial y algunos círculos académicos (Harvard, por ejemplo; con Rodrick, Hausmann y otros) apunta en vías legatarias del Consenso de Washington o sobre la base de particularidades nacionales. ¿Dónde está el gran proyecto integracionista, más allá de la profusión de cascarones vacíos o a contracorriente, como Unasur o ALBA? ¿Alguien se cree que una integración (ahora proponen una federación o confederación ALBA) basada sobre la dialéctica castro-chavista tiene un fin distinto a una reedición regional del Komintern? ¡Pura política! Fracasada, por lo demás. Y, sin embargo, contemporizando, el reto tiene elementos de viabilidad. Si lo asumimos maduramente.

Avancemos sobre lo ya dicho: la integración que proponemos –decididamente progresista- no excluye otras, excepto en lo que contradiga sus fundamentos. No aspira inicialmente la integralidad de acciones para la plena realización hemisférica, pero no ignora que avances propios fuertes en sus cometidos son un importante impulso hacia ella: por ejemplo, el lanzamiento simultáneo, sujeto a las lógicas restricciones, de todas las “aglomeraciones territoriales competitivas” regionales con capacidad exportadora.

Se basa en una convocatoria abierta a todos, pero se exige un compromiso preciso de ejecución, que incorpore una declaración de principios y buenas intenciones, pero también la lista ordenada de temas y acciones a acometer. Igual, debe establecer que las especificidades sociopolíticas, en tanto no inviabilicen la iniciativa, son de la particular jurisdicción de cada país. Por ello, el cometido político o sociopolítico inmediato no forma parte de sus agendas. La propuesta es para ganar viabilidad y éxitos, no por vanos deseos.

Sabemos que lo dicho exige visión de estadistas de mente amplia para el mundo complicado y exigente que nos toca, una élite progresista pensante y ganada a la comunicación y un cuerpo sólido de expertos comprometidos (¡basta ya de burocracias costosas y estériles!), puestos al servicio de un “proyecto hemisférico de desarrollo” y de una red que establezca el intercambio fluido en la región. Resulta absolutamente necesaria una creación económica latinoamericana, con vocación hemisférica.

 
 

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