La energía tiene en vilo a casi todo el planeta. Nuevo escenario más elevado de precios para la gran mayoría de los energéticos, seguridad de abastecimiento, cambio climático, desarrollo de energías alternativas a los combustibles fósiles, desarrollo de energías renovables más limpias y eficiencia energética son algunos de los crecientes y más importantes paradigmas de los últimos cuatro años, que se empiezan a dar cuando el precio del petróleo empieza a separarse de su banda de 20 a 30 dólares por barril, hasta llegar a los precios actuales.
Todo indica que en los próximos 25 años, la demanda de energía se incrementará muy cercanamente al 50%, pese a todos los esfuerzos que se han desarrollado y se desarrollarán en el área de eficiencia energética, que permitirán ahorrar un 40% de energía. Es decir, que sin eficiencia energética, en este cuarto de siglo próximo, la demanda de energía se hubiera básicamente duplicado.
Los escenarios también señalan que los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural), base actual de la energía del planeta, no podrán ser reemplazados fácilmente. Aproximadamente un 75% de la energía primaria en los próximos 25 años todavía será suministrada por estos combustibles fósiles. Y eso a pesar también de todos los esfuerzos que se desarrollarán en energías alternativas, principalmente en las renovables.
Para el segmento de generación de energía eléctrica existen un sinnúmero de sustitutos a los combustibles fósiles, como la energía hidráulica, eólica, solar, geotérmica y nuclear que, aunque muchas veces repudiada, se está nuevamente analizando muy en profundidad.
En el segmento transporte, que es el que le da movilidad al planeta, las opciones son mucho más limitadas y sin duda que los biocombustibles vienen a ser, a pesar de las críticas, una alternativa de complemento al petróleo y sus derivados y a la diversificación de la matriz energética.
Es así que la Unión Europea (UE), en su legislación y política de fomento del uso de biocarburantes, se ha señalado como objetivo lograr que el 5,75% del total de combustibles consumidos dentro de sus fronteras en 2010 sea de biocarburantes y que este porcentaje suba al 10% en 2020.
EEUU se ha propuesto reducir el consumo de gasolina en 20% en un lapso de 10 años. Una reducción neta de 4,15 millones de barriles por día de los aproximadamente 84 a 85 millones de barriles diarios que se consumen diariamente en el mundo. Lo anterior se realizará principalmente incrementando la producción de etanol a 133 billones de litros al año y elevando la eficiencia de consumo en los vehículos mediante innovación tecnológica. EEUU ha establecido metas únicamente para bioetanol, de un 3,8% en 2008, de un 4,3% en 2009 y de un 4,8% en 2010.
De la misma manera, hasta 2010, Brasil se ha fijado metas de entre el 23 y el 25% para consumo interno de bioetanol y un 2% para biodiesel. Otros países latinoamericanos y del Caribe se encuentran también en proceso de determinación de legislación y de fijar una serie de metas para cambiar la matriz energética, principalmente en el segmento del transporte.
Los beneficios de la producción y uso de biocombustibles son conocidos por todos y se pueden resumir en: 1) Sustitución de importaciones energéticas; 2) Fomento a la productividad y empleo en el área agrícola; 3) Generación de excedentes exportables; 4) Beneficios netos al medio ambiente, situación que todavía requiere de mucho más debate y conocimiento, dependiendo del tipo de cultivo que se utilice; 5) Diversificación de la matriz energética y menos vulnerabilidad a la volatilidad del petróleo; 6) Otras.
De la misma manera, existen algunos temas que también deben debatirse y considerarse con sumo cuidado: 1) Que los programas sean sostenibles y competitivos cuando por ciertas razones el precio del petróleo pueda disminuir súbitamente (ya ocurrió muchas veces); 2) Establecer mallas de protección tendentes a evitar posibles desplazamiento humanos que pueden darse fruto de la entrada de grandes multinacionales a una masiva producción agrícola y de bioenergéticos; 3) El cambio de cultivos tradicionales por aquellos tendentes a la producción de bioenergéticos y su sostenibilidad en el largo plazo; 4) Problemas de deforestación y control de áreas protegidas; 5) Otras.
Como toda industria naciente se visualizan una serie de aspectos positivos pero también de sombras que deben ir estudiándose y clarificándose en el tiempo.
En este entendido, es que es importante analizar que si bien esta nueva y naciente industria requiere de apoyo, los incentivos que se apliquen y establezcan deben ser medidos, muy racionales y sobre todo con periodos de tiempo claramente establecidos y de corta duración. No se deben tratar de forzar situaciones para hacer a los biocombustibles competitivos unicamente a través del uso de incentivos, sino que los mismos deben tratar de desarrollarse competitivamente y al amparo del mercado más que de subsidios o incentivos.
Latinoamérica y el Caribe deben mirar muy proactivamente a esta nueva circunstancia de los biocombustibles, pero a su vez deben tratar de establecer programas de largo plazo, tendentes más a la competitividad y el desarrollo tecnológico que a situaciones coyunturales, de las cuales habrá que arrepentirse más adelante.
* Álvaro Ríos Roca, secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade) (23/01/2006-11/10/2007). Ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia. Experto en áreas relacionadas con el sector energético que le ha permitido desempeñarse como asesor en varios proyectos energéticos internacionales. Conferencista, analista y articulista en varios medios de comunicación de América Latina. Estudios de Ingeniería Química en EEUU.
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