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Año IX - Madrid, viernes 5 de octubre de 2007
 
Opinión
 

Al rescate del camino de hierro

M.L. (La Habana)

Ningún país de Iberoamérica vio el ferrocarril antes que Cuba, casi 170 años atrás. Los caminos de hierro se expandieron por la isla como arterias de la pujante industria azucarera.

Hoy trasladarse en tren desde Santiago de Cuba, la segunda urbe de importancia del país, hasta La Habana puede tomar más de 24 horas. Los vagones carecen de grandes comodidades, calurosos en verano y muy fríos en invierno. El deterioro de este medio de transporte no sorprende, pues ha ocurrido algo similar con los ómnibus (autobuses), los aviones y los buques de pasajeros.

La crisis que estalló en la década de 1990 convirtió en chatarra buena parte del equipamiento existente, obsoleto y sin piezas de repuesto. Las vías de comunicación sufrieron un tenaz abandono por falta de suministros para el mantenimiento.

Las autoridades del sector ferroviario han anunciado su recuperación en apenas un lustro, gracias en parte a un financiamiento venezolano de 100 millones de dólares. Durante los últimos dos años se han comprado locomotoras chinas y vagones provenientes de Irán. En los talleres locales han resucitado otros equipos.

Con el dinero de Caracas podrán habilitarse las líneas férreas para que los trenes alcancen hasta 100 kilómetros por hora. Si no hay percances, el viaje desde Santiago tardaría entonces alrededor de nueve horas.

Alguien dirá que esa velocidad es una nadería, que en Europa son más rápidos. ¿Para qué tanto apuro? Las extensas sabanas de Cuba son demasiado hermosas como para desperdiciarlas por un capricho ferroviario.

 
 

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