La colisión de un tren con un autobús ha causado la muerte de 29 personas en Cuba este fin de semana. El ómnibus cayó por un puente, luego de haber sido embestido y arrastrado por la locomotora que no pudo detenerse a tiempo. El hecho ocurrió en el crucero conocido como La Mambisa, en la provincia de Granma, a unos 800 kilómetros al este de la capital de la isla.
Aunque las autoridades locales aún no han dado a conocer su veredicto, distintos testigos aseguran que el autobús sufrió desperfectos técnicos al cruzar la vía férrea. Sea por una razón u otra, este es el peor desastre de los últimos años en las carreteras cubanas por el número de víctimas fatales y de heridos, más de 70.
Los accidentes, en general, son la quinta causa de fallecimientos en este país caribeño y los de tráfico ocupan por amplio margen el primer lugar entre los decesos violentos. En la mayoría de los casos el factor humano es determinante para los mortales desenlaces.
Se estima que entre el 12% y el 16% de los conductores que circulan por vías de alto riesgo los hacen bajo el efecto de bebidas alcohólicas, a pesar de la prohibición expresa en el Código de Vialidad y Tránsito vigente.
Pocas carreteras han recibido reparaciones capitales desde que la crisis económica estalló a inicios de los años 90 del pasado siglo. En determinados tramos de la Autopista Nacional abundan los baches. En la región oriental la situación de la red de comunicaciones terrestres es peor.
Los especialistas consideran que la escasez de transporte público y las carencias cotidianas generan ansiedad y estrés en peatones y chóferes.
En este tema, como en muchos, las soluciones remiten a factores que trascienden un error puntual, del hombre o de la técnica, y que cruzan por el buró de un ministro y el asiento simple de un conductor.
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