El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, acaba de prometerle a Cuba una alianza de dos siglos. Al menos, según ha dicho, el petróleo y el gas que necesita la isla están garantizados hasta la próxima centuria.
La promesa del mandatario venezolano, que no oculta sus intenciones de permanecer en el poder por mucho tiempo como su amigo Fidel Castro, hace años ha comenzado a realizarse con el suministro bajo tarifas preferenciales de cerca de 100.000 barriles de petróleo diarios al país caribeño.
En su recién concluida visita, el gobernante venezolano trazó las "líneas gruesas" de la cooperación bilateral para el futuro: los alimentos, la energía y las telecomunicaciones.
Es evidente que el subsidio petrolero a La Habana constituye la esencia del segundo pilar, amén de las inversiones en la prospección petrolera offshore , la refinería de Cienfuegos y la anunciada construcción de un polo petroquímico en esa región del centro sur del archipiélago.
Sin embargo, el avance en las otras dos "líneas" no parece tan despejado. Como reconoció Chávez, ambas naciones tienen "un alto grado de dependencia alimentaria". Cuba debe importar más del 60% de los alimentos que consume, buena parte de ellos desde EEUU, su tradicional antagonista político.
La mayoría de la tierra útil de la isla, sea para la agricultura o la ganadería, está cubierta de marabú o subutilizada. Durante tres lustros el sector agropecuario ha padecido la falta de recursos básicos, como fertilizantes, maquinaria agrícola y herbicidas.
Chávez habló de "organización de los productores pequeños, medianos en cooperativas, en unidades estatales, unidades mixtas, diversas formas productivas". Tal vez sin sospecharlo, tocó uno de los puntos neurálgicos de este asunto, que apunta a una reforma agraria en la que sus colegas del Gobierno cubano aún no han alcanzado un consenso.
El tercer punto, las telecomunicaciones, parte del proyecto de tender un cable submarino de fibra óptica entre los dos países, que permitiría acelerar el flujo de información. Se estima que la velocidad de recepción de datos para las redes cubana se multiplicaría por mil.
Nadie sabe si ese incremento en el ancho de banda significará la apertura del acceso público a la Internet, ahora limitado a centros de estudio, instituciones científicas, hoteles y una élite de funcionarios y profesionales de diverso perfil. Hasta el momento, según las autoridades, no ha sido posible ampliar las ofertas de conexiones, precisamente porque el embargo estadounidense impide el enlace a los cables submarinos existentes.
El periplo de Chávez, en fin, ha confirmado la alianza entre Caracas y La Habana, pero también ha abierto interrogantes que se proyectan hacia el futuro inmediato de Cuba.
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