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Año IX - Madrid, viernes 26 de octubre de 2007
 
Opinión
 

Cuba y sus ofertas “invernales”

Aurelio Pedroso (La Habana)

George W. Bush, maestro culinario especializado en comida a la carta democrática, acaba de sorprender a medio pueblo cubano con un paquete de medidas carentes de novedades o iniciativas políticas. Lo de Bush es algo pasado de rosca y eso molesta.

Tanto fue así, que como pocas veces ocurre, la propia televisión cubana le abrió un espacio para que su imagen y voz explicaran a los televidentes de qué se trataba ahora ese afán desmedido, comprometido y hasta con tintes psiquiátricos, de ser él y sólo él quien determine los próximos pasos que deberá seguir este gobierno.

Un fondo económico prometido como esos tantos y tantos millones encaminados a la democracia que nunca llegan a la isla y algunos por ahí encuentran bolsillos para su buen recaudo, una licencia especial para que ONGs y misiones cristianas estadounidenses traigan más ordenadores y algo de Internet, y luego la arrogancia de que un nuevo gobierno aquí no sería reconocido si no “aplica” las estructuras gringas.

Ni caso se la hecho en la isla. La respuesta del canciller Pérez Roque, una mesa redonda (programa de TV) confeccionada al efecto, y luego opiniones populares unánimes contra ese propósito de inmiscuirse aquí como si esto fuese Afganistán o Iraq han sido las principales reacciones cubanas al anuncio de Bush.

A la gente de a pie poco le interesa este tema. Un paseo por cualquier comunidad cubana y las preocupaciones e intereses son otros. Ahora mismo y casi en el más absoluto silencio, sin gangarria de por medio, el cubano está diciendo sin tapujos cómo quiere y debe ser un país en el futuro cercano. Y me refiero al cúmulo de opiniones, sugerencias y hasta críticas vertidas en sindicatos, barrios e instancias del Partido Comunista ante el llamado formulado por Raúl Castro en torno a su discurso el pasado 26 de julio. Un proceso que no quedará atrapado en ningún archivo.

Y como bien dijera el ‘generalísmo' Máximo Gómez, y nunca me cansaré de repetirlo, “el cubano o no llega o se pasa”: ya están en la calle las ofertas gastronómicas para Navidad y Fin de Año en diversos restaurantes, todos estatales.

De uno de ellos tomo nota de la oferta de una pierna de cerdo asada más todo lo que debe acompañarle y que incluye hasta una caja de la superior cerveza Max en la puerta de la casa. Más de 200 dólares el fin de año, casi exclusivamente para extranjero residente porque no todo cubano podría llegar a ello.

Otra oferta culinaria pasada de rosca y eso también molesta.

De esto y lo otro sólo se desprende una lectura, y que no es otra que sólo a los cubanos compete el destino de la isla y que deberá incluir, llegado su momento, a otros paisanos de muy buena fe que viven en Alaska o la distante Australia.

Fin de año con ofertas, que nadie lo dude y sepa seleccionar.

 
 

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