Espero que la mayoría de nuestros queridos lectores todavía recuerden cuando en su momento, hace tiempo, describimos al Mercosur como una entelequia. Lamentablemente el tiempo y las actitudes asumidas nos han dado la no pretendida razón.
La actual crisis financiera denotaba una oportunidad única para utilizar este bloque comercial como un instrumento de defensa ante las turbulencias provenientes del sector externo. Pero desafortunadamente, los gobiernos de los países miembros, como en contadas situaciones hemos sostenido, han preferido jugar su propio juego individualista, reconocido como “el solitario”, en fuerte contraste con la conducta y la predisposición de europeos y asiáticos en similares situaciones.
Así, en el devenir del tiempo, ante cada problema de endeudamiento externo, los países de la región renunciaron a articular posiciones y propuestas conjuntas y emprendieron individualmente las negociaciones ante los acreedores, lo que, evidentemente, debilita su soporte estratégico ante los organismos multilaterales de crédito.
Por otra parte, los acreedores sí actuaron coordinadamente a través de acuerdos entre financistas privados y de éstos con sus respectivos gobiernos, y todos ellos bajo el comando unificado del FMI.
Los miembros del Mercosur, por su parte, no utilizaron su asociación para negociar deudas ni para afrontar los movimientos de capital y las incertidumbres internacionales. Sinceramente este revuelto de posturas desencontradas y posiciones sin un marco orgánico, ¿a quién beneficia?
Este tipo de respuesta se contradice fuertemente con las que dieron, en momento claves, otras regiones. Luego de la crisis del dólar de 1971-1973, cuando los países industriales abandonaron los tipos de cambio fijos, la Comunidad Económica Europea (que ya tenía la experiencia de la Unión Europea de Pagos de los años cincuenta) comenzó a negociar un acuerdo para aislar sus monedas de las turbulencias cambiarias del momento. Primero hizo un acuerdo de flotación y en marzo de 1979 lanzó el Sistema Monetario Europeo (SME), que abrió el camino a la moneda comunitaria.
En Asia, luego de la crisis de 1997, surgió la propuesta de crear un fondo monetario regional que, lógicamente, fue criticada por EEUU y el FMI.
Sin embargo, lo rescatable, fue que el criterio de preservación regional siguió avanzando y los países de la Asean, más Japón, China y Corea del Sur, desarrollaron varios sistemas de complementación y asistencia mutua financiera, como explica el reciente “Trade and Development Report 2007”, de la Unctad.
Esto es, a su vez, parte del proceso de negociación para la integración regional impulsado con enormes dificultades, pero con una visión estratégica que sin lugar a dudas carece de sustento especialmente en el Cono Sur latinoamericano. Así nos va.
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