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Año VII - Madrid, viernes 8 de septiembre de 2006
 
Opinión
 
Futuro problemático

Juan Varde (Buenos Aires)

México, es hoy, un país con el espinazo quebrado. El cisma que lo agobia se mostró en todo su esplendor mucho antes de que se celebrasen las últimas elecciones presidenciales, cuando vivimos una campaña crispada, agresiva hasta el insulto, que mostró a la sociedad debatiéndose, como nunca antes en su historia, entre un norte, rico, moderado, modernista y un sur, pobre, ligado al indigenísmo y que mira de costado al Poder Central, sintiéndose olvidado.

Lo que debería haber sido una fiesta para la democracia en México, con un recambio presidencial, fruto de la voluntad popular, sin estridencias, anticipa ahora un futuro poco claro y cargado de malos presagios, en el que asoma un gobierno, el del recientemente confirmado Felipe Calderon Hinojosa, débil y sin legitimidad para la oposicion, que sospecha que sus rivales han llegado al poder mediante prácticas asociadas al fraude. Hasta el punto de que Lopez Obrador se niega a reconocer la derrtota y promete volver ingobernable el país.

Además de tener que lidiar con Obrador. Calderón tiene otros desafíos: grupos radicales de izquierda han tomado el control del Estado de Oaxaca, una de las ciudades coloniales mas famosas del país, en un intento por provocar la renuncia del actual gobernador y los manifestantes bloquean partes cruciales de la capital de la nación.

Calderón promete enfrentar estos desafìos con una combinación de zanahoria y palo. Quiere tender una mano a los partidarios de López Obrador con polìticas igualitarias y fortalecer el Estado. Su capacidad para reducir los decibelios de la confrontación política demostrará si cuenta con la habilidad necesaria para solucionar los problemas a largo plazo que han frenado fuertemente el desarrollo del país.

Entre otros desafíos figuran la reforma del sector energético, el combate contra los monopolios y los sindicatos que dominan las mayores industrias y la necesidad de imponer el imperio de la ley en un paíss donde la policía, los tribunales y el Congreso carecen de credbilidad en muchos casos.

De todas maneras, la amarga batalla postelectoral ha revelado una cara de México que se creía enterrada en los libros de la historia.

La debilidad de Calderón no dejará de repercutir en su propio Partido de Acción Nacional en el que no controla todas las estructuras y donde tendrá que luchar contra el sector más reaccionario que intentará controlar su agenda.

Pero México no dependerá sólo de Calderón, también lo hará de todos los mexicanos que aspiran a una vida mejor en democracia y en paz.

 
 

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