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Año IX - Madrid, viernes 14 de septiembre de 2007
 
Opinión
 
Raúl Castro, a consulta política y popular

Aurelio Pedroso (La Habana)

Cuba vivirá en breve un muy interesante proceso de cara al futuro inmediato: el muy comentado discurso del general del Ejército Raúl Castro del pasado 26 de julio será llevado a debate entre la militancia del Partido Comunista y después entre toda la ciudadanía.

Proceso con muy pocos antecedentes en el que todo aquel que desee expresar sus opiniones tendrá ocasión de hacerlo con la seguridad de que a mitad de camino muy difícilmente su criterio sea engavetado y no llegue a la mesa del presidente interino y también segundo secretario del Comité Central del Partido Comunista.

Convendría apuntar para el lector que no esté muy al tanto de lo que en la actualidad sucede en la isla, que existen dos discursos de importancia cardinal que merecen un serio y detenido repaso. El primero, aquel pronunciado por Fidel Castro hará unos dos años en la Universidad de La Habana, en el que deja por sentado la posibilidad de autodestrucción de la revolución cubana si no se tomaban las medidas pertinentes fundamentalmente en el campo de la ideología.

Y el segundo, el más reciente de Raúl Castro, en el que, para sorpresa de muchos, fueron abordados problemas del día a día que nunca antes alguien había osado decir desde una tribuna pública. Un solo ejemplo, que el salario no alcanza para vivir, o para citarlo textualmente: “el salario aún es claramente insuficiente para satisfacer todas las necesidades”.

El discurso de Raúl, hay que decirlo con toda claridad, despertó nuevas esperanzas en cientos de miles de cubanos que continúan apostando por una Cuba socialista y ‘anti-gringa' de pies a cabeza. A partir de ese momento y sin mediar instrucción alguna, ni control, ni chequeo o como quiera llamársele, en algún que otro contenedor de basura o pared de la calle se podía leer: “Viva Raúl”.

El proceso revolucionario cubano encabezado por su líder histórico Fidel Castro en enero de 1959, vive hoy su momento más álgido habida cuenta de que resultará muy poco probable el regreso de Fidel a las múltiples riendas de poder que ostentaba y que hay que recordar: comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, presidente de los consejos de Estado y Ministros, y primer secretario del Comité Central del Partido. Muchas responsabilidades ahora para un hombre enfermo, en largo trance de recuperación después de un muy serio problema quirúrgico hoy por hoy desconocido y, encima, con 81 años de edad.

Ha llegado la hora de entregar, cual si fuese una carrera de atletismo, el testigo al continuador. Y nadie mejor que Raúl, quien sólo tiene un gran contratiempo, sus 76 años de edad. El tiempo, como reza el refrán, es más que oro molido ante los innumerables problemas a solucionar y que repercuten desfavorablemente en la población del país: alimentación, vivienda, transporte, útiles de trabajo y hasta salud.

Raúl ha sido claro, en sus formas y maneras de gobernar prefiere no crear expectativas que no puedan cumplirse. Es de poco hablar. “Sólo cuando sea necesario”, dijo alguna vez. “Alerto
una vez más que todo no puede resolverse de inmediato”, señaló en otra ocasión el presidente interino.

Es sabido que hay proyectos en marcha tanto de corte local como internacional en el caso de las inversiones extranjeras. Eso sí, mucho énfasis en temas locales referidos a la alimentación. A la imperiosa necesidad de producir para evitar compra de alimentos cada vez más encarecidas en el mercado internacional.

“Para lograr este objetivo habrá que introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios”, es una frase que en buen cubano se puede asegurar que no tiene desperdicio.

No dudo que algunos cubanos se reserven sus opiniones. Tampoco que otros, contra viento y marea, aprovechen la ocasión para manifestar su desacuerdo con el régimen. La gran mayoría, sin embargo, estará de acuerdo en no descuidar ni un momento la defensa y soberanía del país ante vecino gringo tan belicoso, y emprender otro esfuerzo más de los tantos protagonizados en medio siglo de gobierno, por forjar un país en que los hijos no deban abandonar a sus padres (o viceversa) en busca de un ‘Dorado' más allá de los mares.

 
 

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