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A partir del 1 de julio de 2007,
los 6,4 millones de ciudadanos que viven en el Estado de Massachussetts
tendrán que tener contratado un seguro médico. Sea
cual sea su renta disponible. Aunque el dinero público
acudirá en ayuda de los menos pudientes.
Este es el resumen aproximado
de la proposición de ley aprobada unánimente por
los parlamentarios locales, republicanos y demócratas,
y que se convertirá inmediatamente en norma con el apoyo
decidido de Mitt Rommey, el gobernador republicano del Estado.
De esa manera la clase política
local espera resolver a la mayor brevedad posible el problema
social que empieza a suponer al 10% de la población que
carece por completo de cualquier cobertura sanitaria. Y lo hacen,
según las declaraciones de satisfacción de todos
los impulsores del proyecto, sin temor al posible impacto del
efecto llamada. El esquema propuesto supone una semiprivatización
controlada por la administración. El estado pagará
a las aseguradoras lo necesario para que los ciudadanos sin recursos
contraten el seguro y obligará a estas empresas a facilitar
las pólizas.
Penalización.
También forzará a las empresas con menos de 10 trabajadores
que no proporcionen cobertura sanitaria a sus empleados a pagar
una multa anual de 295 dólares por empleado. Además,
los ciudadanos cuyos ingresos sean suficientes para disponer de
seguro y no lo haya contratado serán sancionados con una
penalización fiscal igual al coste total del dinero que
no han utilizado para pagarse el médico. Si las expectativas
se cumplen, Massahusetts será el primer Estado de EEUU
con cobertura sanitaria universal.
Según Towers & Perrin,
el próximo ejercicio, en 2006 se completará un lustro
negro para las compañías estadounidenses que han
sufrido un incremento del 64% en los pagos de las coberturas sanitarias
en ese periodo. Aunque sus empleados incluso lo habrían
pasado peor y pagarán a finales del año un 78% más
que en 2001.
Criticas. Según
un estudio de Buck Consultants, el 86% de los responsables de
las compañías de EEUU considera que el aumento de
los costes sanitarios es la mayor amenaza que se cierne sobre
sus beneficios. Desde la Fundación para una Cobertura Sanitaria
Universal, se dice que estos aumentos en los costes empresariales
son otra muestra de la ineficiencia del sistema.
Un país donde 45 millones
de personas, el 15,2% de la población total, carece de
atención médica pública o privada, a pesar
de que el esfuerzo nacional conjunto que se realiza entre administraciones,
compañías y familias supone un importe anual de
1,8 billones de dólares (1,5 billones de euros), un 15,3%
del PIB. Un gasto muy superior, según los datos de la OCDE,
al 9,7% del PIB que de promedio gastan las naciones europeas industrializadas.
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