Washington se ha enfrentado esta semana a una de las mayores manifestaciones de su historia. Millones de inmigrantes latinoamericanos, respaldados por la Iglesia y varios sindicatos de EEUU, han salido a las calles de este país norteamericano para protestar contra la polémica reforma migratoria que se debate en el Senado, actualmente en descanso por las vacaciones de Pascua. Los organizadores de la marcha advierten sobre la posibilidad de convocar nuevas protestas que, según algunos expertos, podrían convertirse en el nacimiento de una nueva fuerza política.
Ciudades de este país norteamericano
como Atlanta, Washington, Calorina del Norte y Los Ángeles
se han convertido en los principales focos de la movilización,
en la que las comunidades hispanas exigen una medida que les abra
las puertas para solicitar la residencia indefenida en EEUU. El
texto, que ya fue aprobado en la Cámara de Reperesentantes
el pasado mes de diciembre, contempla la criminalización
de los hombres y mujeres ilegales que vivan en el país
norteamericano, un planteamiento que criticado por los distintos
gobiernos del subcontinente.
Si bien no hay que lamentar altercados
graves durante las movilizaciones, la Administración azteca
ha calificado de inaceptable que un grupo de doce estadounidenses
en Tucson (Arizona), identificados como miembros de los Guardianes
de la Frontera, quemaran una bandera de México frente al
consulado de este país, mientras llevaban un cartel en
el que se leía, “Defendiendo la soberanía
de EEUU”. En este sentido, la vicecanciller mexicana, Lourdes
Flores, en declaraciones a la prensa internacional, señaló
que las manifestaciones se deben realizar respetando el marco
legal, a las autoridades, a la diversidad cultural y a los símbolos
patrios. La marcha se convoco después de que el pasado
viernes, senadores republicanos y demócratas bloquearan
en el Senado la votación sobre la ley de inmigración.
Sólo 36 legisladores se mostraron a favor de concluir el
debate frente a 62 que se manifestaron en contra.
Boicot. A la
espera de que se reanuden las discusiones sobre la polémica
reforma migratoria tras las vacaciones de Semana Santa, las comunidades
hispanas han lanzado una nueva amenaza: realizarán un boicot
el próximo 1 de mayo a empresas del país norteamericano
que respaldan medidas anti-inmigrantes si, finalmente, la Cámara
Alta no aprueba un programa de trabajo temporal para los 12 millones
de personas que residen en condiciones ilegales en EEUU.
Esta es la propuesta que se ha
lanzado desde Tepeyac, una de las principales organizaciones de
inmigrantes en Nueva York, aunque se espera que sea apoyada por
varias asociaciones de latinoamericanos. Entre las firmas estadounidenses,
destacan Disney, Exxon, Maraton, Tysen o Bacardi, que según
los responsables del movimiento, han financiado la campaña
política del senador republicano Sensenbrenner, impulsor
del proyecto de ley aprobado en el Congreso el pasado mes de diciembre,
que penaliza la presencia en el país de indocumentados.
Por su parte, el presidente de
la Liga Unida de Ciudadanos Latinoamericanos (Lulac), Hector Flores,
en declaraciones a este diario, anunció que se pedirá
a los hispanos que viven en EEUU que no vayan a trabajar durante
un día para demostrar ante las autoridades estadunidenses
la fuerza laboral que representan. Los rerpesentantes de varias
organizaciones latinoamericanas se han mostrado optimistas de
que finalmente el Senado estadounidense apruebe una ley moderada
que les permita disponer de mano de obra.
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