Brasil tiene elecciones, presidenciales y legislativas, el próximo 1 de octubre, y la situación tanto política como económica de la nación se complica. El presidente, Lula da Silva, se ha enfrentado al Parlamento que no ha aprobado el Presupuesto de este año. Sí ha aprobado, sin embargo, la Ley Electoral. Pero con recortes sustanciales.
Lula
recordó el pasado lunes a los congresistas que su negativa a votar y aprobar
el Presupuesto para este año puede tener muchas consecuencias. Y no sólo
electorales. Sin nuevas cuentas, algunas partidas de gasto claves para la evolución
económica del país quedarán congeladas y los brasileños
terminarán por pagar las consecuencias.
El
Congreso tendría que haber refrendado el Presupuesto para 2006 el pasado
mes de diciembre, pero los escándalos de corrupción que empezaron
a dinamitar al actual Ejecutivo brasileño en junio de 2005, se convirtieron
en la principal preocupación de los parlamentarios y provocaron una dura
negociación sin resultados que ha involucrado tanto a la oposición
como a los partidos que apoyaban al Gobierno. Desde entonces, ni siquiera se ha
llegado a un pacto que permitiera incluir este capítulo en el orden del
día de las sesiones. El lunes, Lula
abría, sin embargo, un márgen para la esperanza. Según él,
si la aprobación de las cuentas no se demorase más de 15 días,
todavía podría evitarse que la economía brasileña
sufriera daños irreparables. Lo que
sí ha hecho el Congreso brasileño es aprobar una versión
descafeinada de la reforma de la Ley Electoral prometida por todos los partidos
al inicio de la presente legislatura. La posibilidad acariciada ahora por los
principales partidos de la oposición de conseguir la Presidencia en los
próximos comicios, rebajó sus pretensiones iniciales. El
proyecto original, presentado en 2005 por los parlamentarios conservadores del
Partido Frente Liberal (PFL), era bastante más ambicioso. Incluía
por ejemplo la obligación de que las agrupaciones políticas dieran
cuenta diaria de sus estados financieros a través de Internet y también
publicaran puntualmente los listados con la identidad de sus votantes. Pero
ya antes de la votación final, a su paso por el Senado, el proyecto original
quedó desposeído de esta revolucionaria disposición. Y fue
precisamente una enmienda del PFL, apoyada también por el Partido de la
Social Democracia Brasileña (PSDB), la principal formación opositora,
la que hizo posible esta rebaja. Con estos
antecedentes, las novedades de la reforma han resultado decepcionantes para algunos
analistas políticos. Entre ellas, destacan la prohibición expresa
de que los candidatos y sus equipos electorales acepten regalos, así como
los mítines en los que se incluyan actuaciones. También se incluye
la prohibición de que los medios divulguen las encuestas en los 15 días
anteriores a la celebración de las votaciones. |