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Hillary Clinton ha iniciado una gira en EEUU para llevar hasta los empresarios su política económica. La senadora democráta por Nueva York se ha decidido a explicar su visión del país, una iniciativa que parece, en principio, ligada a las próximas elecciones al Congreso y al Senado de EEUU. Pero algunos mal pensados creen que estos mítines son el verdadero lanzamiento de su próxima campaña a la nominación como candidata presidencial del Partido Democráta.
El arranque de las apariciones
públicas de la senadora y ex-primera dama tuvo lugar en
un almuerzo celebrado en el Club Económico de Chicago,
su ciudad natal. Y se produjo frente a un auditorio empresarial
y financiero ante el que Hillary recibió el apoyo del alcalde
de esta población, el político democráta
Richard Daley, que ocupa el cargo desde 1989. La esposa de Bill
Clinton aprovechó la circunstancia para presentar las líneas
maestras de una posible política económica alternativa
para el país.
Uno de los puntos fuertes de su
planteamiento sería la restauración inmediata de
las políticas de consolidación fiscal, con el objetivo
de reducir, con la mayor brevedad posible, el abultado déficit
público. Una idea que algunos republicanos temerosos traducen
directamente por la eliminación de las exenciones fiscales
impuestas por George Bush y el aumento de la presión impositiva.
Otra idea de la Clinton es impedir que continúe el imparable
aumento de los precios de los seguros privados de salud, de tal
forma que la baqueteada clase media consiga un respiro.
La cooperación entre Whashington y las empresas es uno
de los puntos fuertes de la propuesta de Hillary. La senadora,
además, parece considerar este asunto del aumento de los
costes de los seguros de salud privados como uno de los pilares
básicos de su propuesta económica para la nación.
Y tiene posibilidades de encandilar a votantes muy variopintos
con sus ideas al respecto.
La espectacular subida de precios experimentada por las coberturas
sanitarias ha resultado perjudicial para muchas empresas y los
costes derivados de este fenómeno son desde hace tiempo
la principal preocupación que tienen de los empleadores
del país.
Según los resultados de una encuesta de Mercer sobre el
sector, las compañías del país que proporcionan
coberturas sanitaria a sus plantillas, temen que si mantienen
intactas las condiciones actuales (sin aumentar ni las prestaciones,
ni el número de trabajadores adscritos) sufrirán
en 2006 en esta partida un aumento de los gastos superior al 10%.
Cerca de tres veces la inflación prevista. Una cifra demasiado
alta para las posibilidades de la mayor parte de las compañías
que, según este mismo informe, sólo parecen dispuestas
a aumentar el presupuesto destinado a coberturas sanitarias en
un 6,4%. Y para conseguirlo sólo hay un medio: pactar nuevas
condiciones laborales y conseguir que los beneficiarios se hagan
cargo de una parte mayor de los pagos. Una idea que no resulta
demasiado bien recibida en los ambientes laborales. Para resolverlo,
Hillary propone la negociación directa entre Washington
y las empresas, con el objetivo de buscar una solución.
Y está abierta a que fluya un poco de dinero público. |