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El senador republicano por Florida
Mel Martínez desarrolla estos días una fuerte oposición
al proyecto que impulsa su compañero de partido y congresista
por el estado de Pennsylvania, John Peterson. Peterson promueve
una propuesta de ley que eliminaría las actuales prohibiciones
presidenciales y del Congreso que preservan ciertas zonas costeras
de EEUU de cualquier tipo de trabajo encaminado a la búsqueda
de fuentes de energía. Y más en concreto destruiría
el blindaje de las costas del Golfo de México en general,
y de Florida en particular.
Peterson tiene un argumento curioso:
asegura que en esa zona, a pocos kilómetros, el gobierno
cubano permite que varias empresas internacionales, entre ellas
la hispanoargentina Repsol-YPF, realizan trabajos para detectar
posibles bolsas de petróleo y gas natural. Y no comprende
porque las empresas estadounidenses no pueden hacer lo mismo.
Su propuesta, como es lógico, ha encontrado una gran aceptación
entre las petroleras del gran país norteamericano y las
compañías internacionales que operan en él
que, desde hace tiempo, pretende incluso que las dejen entrar
en el sector energético de la Isla.
Sin embargo, los parlamentarios
de Florida, temen que si se abre la veda, el estado pierda paulatinamente
la principal fuente de riqueza de la que dispone ahora: el turismo.
Y tampoco desean que las compañías de EEUU se sitúen
tan cerca de las aguas territoriales cubanas. Desde allí
el traslado sería muy fácil.
Mel Martínez propne
que EE UU impida a lso socios de Cuba a buscar petróleo
en esa zona. De hecho, los socios de Cuba ya están instalados
en una zona que se encuentra a sólo 80,4 kilómetros
de la costa de Florida, lo que le parece a Patterson un argumento
de peso para levantar el blindaje que protege esa zona del litoral
marítimo. Quizá con ciertas condiciones que ofrezcan
la certeza de que no habrá contaminación en las
playas. Ni siquiera visual. Lo que se conseguiría, según
él, si se acota una zona de 32 kilómetros, medida
desde la línea de la costa, en la que las petroleras no
puedan operar. Pero Mel Martínez no está de acuerdo.
Más aún cree que estas prospecciones petrolíferas
no sólo pueden poner en riesgo una de las bases fundamentales
del PIB de Florida.
También se configuran
como un grave peligro para el ecosistema. Sin embargo, sí
comparte con Patterson su preocupación por los movimientos
que desarrollan Cuba y sus socios en el área. Claro que
él propone algo bien distinto. Quiere que Washington impida
los trabajos que se desarrollan en el Golfo con el beneplácito
de la Isla. Y, tiene un plan para conseguirlo.
No demasiado nuevo, por cierto: presionar a los socios internacionales
de La Habana para que dejen de trabajar en la zona.
Lo único nuevo de
esta versión energética ampliada de la vigente Ley
Helms-Burton es que Martínez busca el apoyo de los grupos
ecologistas en la tarea y asegura, que aunque obviamente está
en contra de Fidel Castro, no se mueve ahora con esa idea en la
cabeza, lo hace para salvar al sector turístico de Florida
y proteger el medioambiente del Golfo de México.
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