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Sucedió
en octubre de 2004 y volverá a suceder ahora. El retoque
al alza efectuado por la autoridad monetaria china sobre las tasas
de interés de referencia (del 5,58% al 5,85%) no drenará
liquidez, ni paralizará el crecimiento económico.
O eso piensan muchos analistas. Los escépticos se basan
en un hecho contrastado, los costes reales de la financiación
a un año en el país asiático se encontraban
hasta hoy en el 2,10%, según los datos semanales de The
Economist Inteligence Unit, es decir, un 165,71% más baratos
que la tasa de referencia. Y el dinero va a llegar al mismo ritmo
que antes, y por muchas vías.
Desde la
inversión extranjera hasta la proporcionada por el interés
de los especuladores financieros que siguen convencidos de que,
antes o después, el yuan se revalorizará frente
al dólar cerca de un 40%, en cuanto Pekín acepte
que la cotización de la moneda sea decidida por los mercados
al decretar su libre circulación. Más aún,
el Banco del Pueblo chino ha dejado invariable la tasa de referencia
de los depósitos a un año que sigue en el 2,25%,
una decisión que provoca muchas dudas sobre el hecho de
que las verdaderas intenciones de la autoridad monetaria del país
asiático se relacione con drenar liquidez.
Para algunos
expertos, las verdaderas intenciones de China son muy distintas.
Pekín quiere dar más peso al consumo privado en
su modelo de crecimiento y solucionar la brecha de rentas entre
la población urbana y la rural. Además, deben preocuparse
de la mano de obra agrícola excedentaria, que supone un
12% de la población total, según algunas estimaciones.
Y la inversión pública en infraestructuras es una
buena fórmula para recolocar a los parados. Lo mismo que
las fábricas manufactureras de los exportadores. En su
comparecencia ante el Congreso de hoy, Ben Bernanke ha dejado
claro que las presiones inflacionistas se mantienen. El mensaje
es obvio: los tipos subirán.
La reacción
de los mercados al movimiento del Banco del Pueblo chino ha seguido
estrictamente un guión dibujado por algunos analistas desde
la pasada semana cuando el presidente del país asiático,
Hu Jintao, se entrevistó con Bush. El rally de las materias
primas y de las acciones de los títulos relacionados con
la energía, tenía que encontrar un punto de pausa
para permitir determinadas tomas de beneficios y para ajustar
los ratios de amortización de los fondos ETF. La simbólica
acción monetaria de China ha permitido el receso.
Pero, en
realidad, casi nadie cree que esta caída de las cotizaciones
vaya a suponer el final de la escalada. Los especuladores financieros
y hasta los inversores minoristas se juegan mucho y las compras
volverán rápido, según parecen creer, muchos
operadores del mercado.
Sin embargo,
a mediodía de hoy, la primera subida de los tipos de interés
en China desde 2004 ha alterado la evolución de los mercados
financieros. Las cotizaciones del crudo, cobre y zinc, y de las
empresas del sector, eran las más afectadas del posible
enfriamiento de la demanda del gigante asiático.
La noticia
impulsó la cotización del yen japonés hasta
zona de máximos de tres meses frente al dólar. Pero
el mercado de divisas no fue el único que sufrió
los efectos de la medida adoptada por China. Las bolsas europeas
profundizaron en sus caídas, y los futuros de Wall Street
también reaccionaron a la baja a la subida de los tipos
de interés en el gigante económico de mayor crecimiento.
China había alentado, entre
otras, la escalada en las cotizaciones de las materias primas.
Los precios del cobre y del zinc sufrían hoy caídas
próximas al 3%, el oro también se desinflaba, e
incluso el petróleo, que se abarataba un 1,3% a primera
hora de la tarde. Precisamente eran las empresas ligadas a las
commodities las más penalizadas en las bolsas europeas.
Las petroleras BP, Total y Royal Dutch Shell se depreciaban un
2%, y mineras como Rio Tinto, BHP Billiton y Xstrata entre un
4% y un 5,5%.
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