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Año VII - Madrid, viernes 31 de marzo de 2006
 
Reportaje
 
EL NEGOCIO DE LAS EDITORIALES MUSICALES SE CONVIERTE EN LA SALVACIÓN DE LAS DISCOGRAFICAS
 
El nuevo filón de la música

Clark Parker

 

Las editoriales de música, y sus responsables, eran hasta hace un par de años, un negocio menor para las grandes multinacionales del disco. Sin embargo, ahora las cosas, han cambiado y, de hecho, están a punto de convertirse en el verdadero negocio real de estas compañías. Ya hay algunos ejecutivos de estas filiales, que avanzan con aire de superestrellas por las plateas y los ´backstages´ y empiezan a ocupar las portadas de las principales revistas de negocios del mundo. Como, por ejemplo, Martin Bandier, el director ejecutivo de la editorial de EMI, cuya capacidad de detectar catálogos rentables y nichos de negocio ha resultado providencial para la compañía discográfica británica. La primera que consiguió avistar la puerta de salida de la crisis.

Las editoriales, como las sociedades de gestión, cobran por el uso del repertorio que tienen en catálogo, siempre que el usuario de las piezas o los fragmentos haga negocio con ellos. Y, curiosamente, las nuevas tecnologías, las mismas que han complicado las cuentas de las multinacionales del disco en el último lustro, han abierto un campo casi ilimitado para sus filiales de edición. Desde los tonos para los teléfonos móviles a la publicidad audiovisual que circula por la Red. Tanto es así que el pasado año, las editoriales aportaron ya un 56% de los beneficios del sector. Y, aunque el crecimiento anual de sus ganancias no supone grandes porcentajes, entre el 3% y el 5% por año, ganaban mientras los demás perdían.

Otra de las estrategias inventadas por Bandier, es la explotación del repertorio a través de musicales basados en las obras de grandes estrellas de la canción. Primero se estrenan en Broadway y después recorren el mundo. El negocio es doble si la editorial, junto a la propiedad de las obras interpretadas, forma parte del equipo de producción y registra el montaje. Los musicales han demostrado además trascender a la vida habitual que tienen en los teatros y las taquillas y mantener su capacidad de generar ingresos a través de otros formatos, el cine o bien mediante los derechos televisivos.

El potencial del negocio editorial no ha pasado desapercibido para los fondos de capital privado. Sobre todo, porque hasta hace muy poco, la inversión necesaria para conseguir el catálogo de un artista de éxito, o de una antigua editorial en liquidación no era excesivo. Bandier pagó en 2004, sólo 80 millones de dólares por todos los éxitos de Tamla Motown, a Berry Gordy, su propietario. Si Gordy no hubiera tenido entonces acuciantes problemas financieros hubiera podido vender hoy sus derechos por diez veces más.

 
 

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