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En el año 2005 se conmemoró el bicentenario
del nacimiento de Alexis de Tocqueville. Con este motivo, fueron
pronunciadas una serie de conferencias que dieron lugar a un curso
sobre la personalidad del pensador francés. En este momento,
acaban de ser editadas con el título de "Libertad,
igualdad, despotismo". Parece el momento para reflexionar
sobre la personalidad de Tocqueville.
Era un convencido de que ya no se podía volver al antiguo
régimen. La Revolución, para bien o para mal, había
acabado con aquella estructura social. Venían nuevos tiempos.
Una sociedad compartimentada en la aristocracia, el clero y el
pueblo llano no era posible volverla a construir. Había
surgido, venía surgiendo desde hacía siglos, una
nueva clase social. Eran los burgueses. Y hoy, visto desde la
lejanía, la Revolución francesa representó
el triunfo de esa clase, que tenía el dinero, la cultura
pero que le faltaba el poder. Y para eso se hizo la Revolución.
Las clases bajas quedaron igual o peor que antes. Y así
surgieron después los socialismos y el socialismo científico,
es decir el marxismo. La Comuna de París puede servir de
ejemplo. Tocqueville viajó por Estados Unidos. Viajó
por su cuenta. No llevaba ninguna representación diplomática
ni comercial. Y quedó fascinado por América, por
aquella América que él vio y que, en algún
sentido conoció. Hoy, cuando leemos "La democracia
en América" algunas afirmaciones nos hacen sonreír.
Por ejemplo, Tocqueville insiste en la igualdad que ha observado
en el Nuevo Continente. Naturalmente, que no se refería
a los negros y que esa presunta igualdad se extendía sólo
a los blancos, los colonizadores anglosajones. Y aún dentro
de la comunidad anglosajona tampoco podía referirse a las
mujeres, marginadas dentro de la propia población blanca.
También, a veces, se refiere a la felicidad. No se da
cuenta de que éste es un problema personal, muy ajeno a
los sistemas políticos. Se ha hablado mucho de la melancolía
de Tocqueville. Al compararlo con Montesquieu, aparece la tristeza
de nuestro autor. La vida de los salones, los salones elegantes
de París y de los Châteaux se había terminado
y Tocqueville, aunque de alguna forma la revive en Estados Unidos,
se da cuenta de que representa un estilo de vida, probablemente
muy agradable, pero que había acabado definitivamente.
Tocqueville representa una división en el pensamiento
liberal. Se trata de un liberalismo de raíz británica,
muy distinto de la Revolución precisamente, el centenario
de Stuart Mill, celebrado recientemente, nos marca esta diferencia.
Gran Bretaña no tuvo, ni quiso, copiar nada de la Revolución.
Influyó mucho más en España, en Austria o
en Prusia. Como todo lo británico, el pensamiento liberal,
la idea de libertad, esencial en el pensamiento de Tocqueville,
era algo muy distinto. No cabe afirmar que Tocqueville fue un
nostálgico de Estados Unidos. Fue un admirador y un estudioso
de sus formas de convivencia y de gobierno. Hoy, cuando la comunidad
europea atraviesa por una crisis aguda todas estas diferencias
se hacen más patentes. Es de esperar que no sean insoslayables.
Las necesidades apremian y Europa, nos guste o no, ha perdido
ser la cabeza del mundo. De momento, se ha trasladado a Estados
Unidos, a los que tanto admiró Tocqueville. Pero en el
futuro, aparecen otras fuerzas, como son los chinos y los indios
y, tal vez, en algún momento, más o menos lejano,
Brasil o México.
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