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La amenaza formulada hace un par de meses por los
grandes productores de gas del mundo que quieren avanzar en la
formación de un cartel de precios similar a la OPEP podría
empezar a tomar cuerpo hoy en la ciudad de Doha (Qatar).
En este lugar remoto se celebró una reunión
de los ministros de Energía del Foro de Países Exportadores
de Gas (FPEG), una plataforma de encuentro, sin rango de organización
ni estructuras permanentes, fundada en 2001 y que podría
constituirse en el embrión de la nueva y más coordinada
superestructura.
Hasta el momento, no se conoce con precisión
ni la agenda exacta, ni el número de asistentes. Sólo
Venezuela, en declaraciones de su ministro de Energía,
Rafael Ramírez, ha declarado ya que impulsará la
idea porque la considera necesaria. Pero el país sudamericano
no es una potencia en el sector. Las naciones que preocupan a
los dos grandes consumidores mundiales, EEUU y la UE son otras.
En concreto, el cuarteto formado por Rusia, Irán, Argelia
y Qatar, donde se agrupan los mayores productores, con quienes
además existen en la actualidad ciertas tensiones diplomáticas.
Bruselas ha sido contundente. En declaraciones a EL BOLETIN, un
portavoz de la Comisión Europea, dejó claro que
si se formaliza la constitución de un cartel gasista, la
UE optará por otras fuentes plenamente desarrolladas como
la energía nuclear.
Esa posición de dureza podría haber
dado algún fruto. Al menos, habría moderado la posición
inicial de Rusia que figuraba hasta ahora como principal promotora
de la idea de la coordinación de los precios, un proyecto
esbozado por Irán que contó con el apoyo de Vladimir
Putin.
Ahora, desde la Federación se expresan con
más cautela. En declaraciones previas a la reunión,
el ministro de Energía ruso, Víctor Jristenko, ha
asegurado que hoy en Doha "no se firmará ningún
acuerdo para la creación de un cartel que regule los precios
del gas".
Aún así, la incertidumbre permanece.
Es lógico. En la FPG, de la que forma parte Rusia, Irán,
Argelia, Indonesia, Brunei, Venezuela, Malasia, Nigeria, Qatar,
Omán, Trinidad y Tobago, Emiratos Árabes Unidos,
Egipto, Libia y Bolivia- se agrupa un bloque de naciones que posee
el 70% de las reservas mundiales de gas.
Gazprom prevé cuadriplicar su valor en
el mercado para 2014. La compañía Gazprom, que
ostenta el monopolio gasístico ruso, no quiere quedarse
atrás frente a sus competidores internacionales, y ya amenaza
con convertirse en la mayor empresa en cuanto a capitalización
de mercado en un periodo de siete años. La cifra de cotización
bursátil a la que el director ejecutivo de la compañía,
Alexander Medvedev, aspira para 2014, asciende ni más ni
menos a un billón de dólares. Este objetivo supondría
superar el liderazgo de Exxon Mobil en el mercado con más
439.600 millones de dólares e incluso el Producto Interior
Bruto de muchos países. Este anuncio se une a la propuesta
que la pasada semana hicieron las italianas Enel y Eni al ofrecer
a la rusa una opción de compra sobre el 20% de Gazprom
Neft, que ambas compañías adquirieron en el marco
de una oferta por activos de la malograda Yukos. Este acuerdo
se enmarca en un convenio de cooperación firmado en octubre
entre ambas compañías.
Putin preocupado por el impacto del alza del
rublo. El presidente ruso, Vladimir Putin, ha advertido a
su gabinete que siga más de cerca el impacto que está
teniendo la fortaleza del rublo en la economía del país.
Según Putin es necesario prestar especial atención
a esta divisa "para no perjudicar las dinámicas positivas
en la industria manufacturera". Las declaraciones del presidente
estuvieron en la misma línea de las del año pasado,
cuando dijo que la apreciación del rublo se había
vuelto "crítica" para la economía rusa.
Además, sus comentarios traslucieron el creciente escepticismo
del Kremlin con la política del Banco Central de permitir
una apreciación gradual en el tipo de cambio nominal para
contener las presiones inflacionistas.
El rublo subió más de 4 por ciento
el año pasado en términos nominales frente a una
canasta de monedas compuesta por dólares y euros, y las
autoridades monetarias permitieron otro incremento del 0,7 por
ciento a comienzos de este año. Los defensores de un rublo
más fuerte afirman que la política ha sido positiva
para contener la inflación, que ahora se mantiene en un
solo dígito.
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