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Como cada seis meses, en la jornada previa a las
asambleas del FMI y el Banco Mundial, los responsables de Finanzas
de las siete naciones más industrializadas del mundo, el
G7, mantendrán una reunión ordinaria. La de hoy
viene precedida de algunas tensiones.
Desde el punto de vista de la economía global, sin embargo,
el informe semestral de perspectivas publicado por el FMI ha tenido
un tono ciertamente tranquilizador. La previsible ralentización
del crecimiento estadounidense en 2007 no tendrá un efecto
devastador en la economía mundial. Otros áreas,
especialmente la Unión Europea, podrán sustituir,
en parte, el tirón habitual de la gran locomotora norteamericana,
cuyo decaimiento sólo restará 16 puntos básicos
al incremento global del PIB, que se situará en el 4,9%
este año. La cifra se repetirá en 2008 y ascenderá
hasta el 5,4% en 2006. Un trienio brillante, por lo tanto, que,
en caso de cumplirse las previsiones, se convertiría en
el mejor de los últimos 26 años.
Y hasta aquí, las coincidencias. Otros informes previos
a la cita de primavera, elaborados por consultoras independientes,
y algún servicio de estudios de Banco Central, señala
ciertos peligros en el horizonte. Uno de ellos, ya es clásico.
El desmesurado aumento de los activos gestionados por los hedge
funds, que ha alcanzado este mes los dos billones de dólares,
vuelve a poner de manifiesto la necesidad de una regulación
mundial del sector. Pero ni EEUU, ni Reino Unido, están
de acuerdo con la idea que sí comparten los otros cinco
implicados: Francia, Italia, Alemania, Japón y Canadá.
La oposición de las potencias anglosajonas además
no tiene la misma raíz. Para los británicos se trata
de no perder influencia en la economía continental. Con
la mayor parte de sus empresas en manos de compañías
extranjeras, el control del poder financiero les resulta necesario.
Sin embargo, Londres no se juega tanto como Washington en el partido.
EEUU no puede favorecer un aumento del control de los hedge funds,
porque necesita que el dólar mantenga su actual trayectoria
bajista para reactivar su economía y sortear mejor el riesgo
de la crisis hipotecaria.
Lo necesita tanto como seguir colocando deuda pública,
ahora menos valiosa en términos relativos, para financiar
sus déficits. Y, en ese contexto, la armada de los hedges
es un complemento vital. En el último trienio, estos instrumentos
de inversión colectiva, sobre todo los domiciliados en
las Isla Cayman, han absorbido casi el 18% de las nuevas emisiones
del Tesoro de EEUU. Y, por ahora, estos compradores a tiro fijo
aún son indipensables para que la pirámide no se
venga abajo.
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