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¿Está a punto China de dejar de ser
un paraíso para los proyectos de deslocalización
empresarial? Quizá aún no. Pero la sorprendente
transformación que experimenta el Sindicato Unico ya preocupa,
y mucho, en EEUU.
La prensa estadounidense se hace eco estos días
de los problemas laborales que empiezan a tener en el país
asiático algunas empresas emblemáticas de EEUU en
sus apuestas por mercados emergentes o sus planes de recortes
de costes de producción. Todo como consecuencia de la inesperada
mutación de la Unión Sindical de China, una organización
con 134 millones de afiliados, que hasta ahora aparentaba ser
poco más que un apéndice del Partido Comunista,
siempre dispuesta a trasladar a la base de sumisos trabajadores
los programas previstos por el Comité Central. Pero, aparentemente,
eso se acabó. Sobre todo, por el despliegue reivindicativo
que han realizado en los últimos meses algunas federaciones
concretas de la organización, capaces de luchar, casi a
cara de perro, para defender los derechos de sus afiliados.
Cambio perceptible. El cambio empezó
a ser perceptible en las grandes cadenas de comida rápida.
El sindicato se enfrentó abiertamente con McDonald's y
Yum Brands (cadena propietaria de las marcas KFC y Pizza Hut),
a las que acusaba de pagar por debajo del salario mínimo
a los menores de 18 años y de impedir a sus empleados acceder
a la información sindical. La disputa quedó en tablas,
pero la organización laboral adquirió fuerza suficiente
para plantear una batalla de mayor calado.
Wal Mart. La refriega tuvo lugar en Wal-Mart,
compañía de conocida reputación antisindical.
Allí la Unión consiguió que la empresa admitiera
la formación de una federación sindical específica
con interlocución directa frente a la dirección.
¿Un pequeño avance? Quizá para los estándares
occidentales pero no para el país asiático. Más
aún. La empresa Foxconn Technology accedió a pactar
subidas de sueldo y a regular horarios tras una dura campaña
sindical.
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