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El recuerdo de duras crisis anteriores, pero aún
recientes en la memoria, ha llevado a las autoridades de EEUU
a actuar con suma rapidez en la actual crisis de las hipotecas
de riesgo. Ahora sólo es necesario que el plan de salvamento
funcione.
Para que la inmensa pirámide de derivados
financieros que se ha constituido sobre los créditos hipotecarios
de riesgo en EEUU resista al aumento de los impagos hacía
falta un prestamista final y unos bancos de inversión dispuestos
a quedarse con los bonos emitidos sobre el colateral de esos créditos.
Pues bien, los protagonistas del plan de solidificación
ya tienen nombre y apellidos.
Los títulos de deuda, que avalaban a su
vez otro buen montón de productos financieros de magnitud
y volumen aún desconocidos, han sido absorbidos por las
entidades financieras que colaboraron, con sus ratings favorables
y su actividad como colocadores, a extender estos peligrosos productos
entre la comunidad financiera. Una decisión en la que ha
tenido mucho que ver el acoso decidido de las instancias supervisoras
y judiciales, conscientes de que en estos momentos de peligro
EEUU no puede permitirse un estallido de la burbuja inmobiliaria
capaz de alcanzar el desastre tecnológico de 2000.
Financiación. Y la financiación
de la fiesta también está asegurada: correrá
a cargo de las agencias hipotecarias federales Fannie Mae y Freddie
Mac, que inyectarán dinero en el sistema, casi a fondo
perdido, para dar tiempo a los malos pagadores de abonar las cuotas
correspondientes a sus créditos. O para que, si no lo hacen,
el aval de los bonos quede asegurado, al menos hasta la amortización
de los derivados aún vivos de mayor peligrosidad.
Agencias. Tampoco las agencias están
para negarse tras haber superado, con potente ayuda política,
una dura investigación sobre la veracidad de sus cuentas
que ha durado años y se ha cobrado varias víctimas
entre cargos promovidos tanto por demócratas, dueños
de la actual mayoría parlamentaria, como por republicanos.
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