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Año IX - Madrid, viernes 27 de abril de 2007
 
Reportaje
 
Una guía completa de las leyes del universo
Meditación sobre la nanotecnología

Alberto Miguel Arruti

En fecha reciente, la Comisión Europea ha hecho público un informe con el título “Opinion on the ethical aspects of nanomedicine”. La nanociencia, de la cual la nanotecnología es consecuencia, tiene muy poca historia. Fue, en 1959, cuando el físico Richard Feynman declaraba que, si no somos capaces de manipular la materia átomo a átomo, no es porque alguna ley nos lo impida, sencillamente, es una incapacidad práctica. Norio Taniguchi, en 1974, acuñó el término de nanotecnología. Para las medidas muy pequeñas empleamos los prefijos micro (10-6), nano (10-9) y pico (10-12). Algo similar se produce cuando pretendemos medidas muy grandes en que se emplean los prefijos mega (106), giga (109) y tera (1012). La micra es la milésima parte de un milímetro. Por ejemplo, el pelo humano tiene un diámetro de unas 80 micras.

El hecho fundamental es que el comportamiento de los materiales es diferente a escala nanométrica que a escala macroscópica. Y son precisamente estas diferencias las que estudia y aplica la nanociencia. Por ejemplo, a escala nanométrica es posible cambiar propiedades fundamentales de un determinado material, como pueden ser el punto de ebullición, la conductividad térmica y eléctrica o la corrosividad. Y todo esto se consigue sin modificar la composición química del material.

La ciencia se mueve hoy entre límites auténticamente extremos. Si nos referimos a lo grande, la astrofísica y la biología dan lugar a números extraordinariamente grandes. Por ejemplo, se han descubierto agujeros negros con masas equivalentes a diez veces la del Sol y agujeros negros con varios miles de millones de masas solares y tan grandes como el sistema solar.

Además, la ciencia actual da una visión de la realidad completamente distinta de la que aporta la intuición. Por ejemplo, desde los griegos, la humanidad ha buscado una partícula elemental, un último sillar del universo. Y, en varias ocasiones, se ha pretendido encontrarla. Pero ello hoy no parece factible. En este sentido, ha escrito el profesor Sánchez Ron que “cada vez sabemos más acerca de la naturaleza, pero en el camino vamos perdiendo aquello que ésta tenía de intuitivo, palpable y accesible. La materia, lo más próximo y concreto que poseíamos, parece irse diluyendo en los arcanos ontológicos, abandonando su esencia física para pasar a convertirse en matemática, en modos de vibración de superminúsculos entes que habitan en espacios de, al menos, diez dimensiones”. Algo parecido sucede con el concepto de energía. Fueron los energeticistas quienes, en el siglo XIX, tuvieron la intuición de que a base de partir la materia se acabaría encontrando la energía. Con lo que la energía sería el concepto primario de la naturaleza. Dentro de esta visión del mundo, el matemático británico Roger Penrose ha escrito un libro con un título tan sugestivo como “El camino a la realidad”. Se trata de una guía completa de las leyes del universo. Y el propio Penrose dice que “en la física moderna, uno no puede evitar el enfrentarse a las sutilezas de muchas matemáticas sofisticadas”.

 
 

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