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La mayoría demócrata
en el Congreso ha aprobado una nueva propuesta de ley destinada
a complicar un poco más la vida de los altos ejecutivos.
El aspirante demócrata a la Presidencia Barack Obama ha
inspirado ideológicamente el proyecto que defenderá
hoy mismo.
No es una norma complicada ni difícil
de explicar. Consiste en que los accionistas voten cada año
por imperativo legal si están o no de acuerdo con las retribuciones
que los consejos de las cotizadas han previsto para los principales
ejecutivos de las compañías. Más aún,
esta votación no podrá sumergirse entre los
acuerdos adoptados en una junta, tendrá carácter
individual y específico. Y deberá realizarse antes
de que los pagos previstos empiecen a desembolsarse. Con una pequeña
acotación adicional, sin duda curiosa: las retribuciones
de los grandes gestores de las cotizadas se mantendrán
invariables obligatoriamente cuando se desarrollen procesos relacionados
con operaciones corporativas que puedan variar la composición
de la propiedad o redefinir los equilibrios accionariales.
Mensaje. Un mensaje sencillo
y claro. Las retribuciones de los altos directivos están
fuera de control y el poder político va a poner remedio
a los escándalos desencadenados en los últimos tiempos
otorgando más poder a los accionistas sobre estas decisiones.
La Casa Blanca ya ha hecho pública su oposición
a esta norma. Pero nadie ha hablado de vetarla porque no sería
viable, ni tolerado, por la maquinaria de los republicanos que,
en esta ocasión, no parecen dispuestos a resistirse demasiado.
De hecho, sólo aspira a negociar para conseguir que se
suavice un poco el texto.
Dow Jones. Puede que el
Dow Jones marque récord, pero los ciudadanos medios empiezan
a sentir más que incertidumbre por el impacto posible de
la recesión económica. Un clima que tenderá
a extenderse más según flojeen los aumentos del
PIB. Podría convertirse en el contexto en que se dispute
la batalla por la Presidencia de EEUU.
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