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Durante esta semana, Centroamérica
ha asegurado la próxima negociación de dos Acuerdos
de Asociación: uno con la Unión Europea (UE) y
el otro con la Comunidad del Caribe (Caricom). El primero es un
pacto comercial, político y de cooperación, mientras que el
segundo es una relación comercial bilateral.
La posibilidad de un Acuerdo de Asociación entre Centroamérica
y la UE augura para el Istmo diversos beneficios en materia de
comercio, desarrollo y competitividad. La región centroamericana,
aún sin estar vigente este acuerdo,
ya disfruta de la eliminación de aranceles para cerca de
7.500 productos. Este pacto con la UE supondrá una fuerte competencia para EEUU porque Europa mueve el 20% del comercio mundial.
Los países de Centroamérica y UE iniciarán
a finales de junio, en Bruselas (Bélgica, sede de la Comisión
Europea), la negociación de un acuerdo de libre asociación
que además del componente del comercio libre, tendrá
el político y de cooperación.
Los representantes de ambos bloques anunciaron la decisión
tras concluir en Guatemala la XV reunión de la Comisión
Mixta (Centroamérica-UE), a la cual acudieron, por parte de la UE,
Tomás Duplá del Moral, director general adjunto
de Relaciones Exteriores para América Latina y Asia, y
por Centroamérica, los viceministros de Relaciones Exteriores,
Economía y Comercio Exterior.
Según Duplá del Moral, el acuerdo se firmará
en Bruselas a finales de junio, una vez que los países
centroamericanos hayan suscrito a su vez un acuerdo marco de unión
de sus aduanas a principios de junio.
La concreción de ese acuerdo aduanero, en el que participarán
Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, es uno de los principales
requisitos exigidos por la UE para iniciar la negociación
del acuerdo de asociación con Centroamérica.
La armonización arancelaria se encuentra actualmente en un 95% del total de productos objeto de comercio entre ambas partes.
El único país centroamericano que por decisión
propia no participará del acuerdo de unión aduanera
centroamericana es Costa Rica, que mantendrá sus propios criterios aduaneros
con la UE y con el resto de países de la región.
Según el vicecanciller hondureño, Eduardo Reina,
el Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y UE
se logrará en un periodo aproximado de dos años.
La primera cumbre se celebrará en septiembre en Costa Rica y se
prevé que las rondas tengan lugar con una periodicidad de
dos a tres meses, alternativamente en un país centroamericano
y en Bruselas.
Caribe. La Caricom y el Sistema de Integración
Centroamericana (SICA) celebrarán en mayo una cumbre para
estrechar los lazos de cooperación comercial bilateral.
La reunión tendrá lugar el próximo 12 de
mayo en Belice, un día después de que los ministros
de Asuntos Exteriores de ambas partes avancen en unas conversaciones
preparatorias. Costa Rica es, hasta el momento, el único
país de la región que cuenta con un acuerdo con
la Caricom, que serviría de modelo para la negociación
actual.
Según el portavoz de la Caricom, Granderson, los mandatarios
de las 15 naciones que constituyen esta comunidad y sus homólogos
de Centroamérica debatirán sobre la decisión
de firmar un tratado de libre comercio (TLC). Los ministros de
Comercio de ambas partes acordaron formalmente en febrero pasado
que debería firmarse un acuerdo comercial entre los países
del SICA y el Caricom.
La Caricom acordó concluir las negociaciones en un plazo
de seis meses, pero el secretario general de esta comunidad, Edwin
Carrington, reconoció hace poco que ese plazo no será
cumplido porque los negociadores caribeños están
ocupados en un diálogo con la Unión Europea (UE).
Sin embargo, Granderson comentó que el acuerdo depende
mucho de la viabilidad del transporte aéreo y marítimo.
Las conversaciones sobre cooperación comercial entre el
Caricom y el SICA surgen justo cuando el mercado único
caribeño continúa sufriendo los efectos de un transporte
marítimo inadecuado y caro, un problema que ha lastrado
el comercio regional durante décadas.
Se trata de acuerdos amplios que incluyen libre comercio, cooperación
y diálogo político al estilo de los que la UE firmó
años atrás con el Mercosur, pero cuyas negociaciones
se empantanaron por los subsidios de Europa a la agricultura y
por diferencias internas en el bloque sudamericano.
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