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La brecha en las relaciones entre el
presidente de Ecuador, Rafael Correa, y el Ejército del
país es cada vez más profunda. El malestar se
ha hecho insostenible después de que Correa haya relevado
a la cúpula de las Fuerzas Armadas ecuatorianas, tan
sólo un día después del nombramiento como
nuevo ministro de Defensa de Javier Ponce, férreo crítico
del Ejército.
Pese a la crítica situación
que vive la institución militar, el Gobierno ecuatoriano
se ha apresurado a descartar la posibilidad de una sublevación
militar.
"No vamos a tolerar que
nuestros servicios secretos no respondan al Gobierno nacional",
advirtió ayer Correa a los militares. Horas antes, el
viceministro de Defensa, Miguel Carvajal, afirmaba en la televisión
local que "no creo que exista ningún riesgo de que
sectores de las Fuerzas Armadas puedan tener alguna actitud
contraria a la legalidad y a la constitucionalidad".
Inquietud. Sin
embargo, las dudas que se generan de estas palabras dejan al
descubierto el malestar que persiste en el Ejército respecto
a la actuación de Correa en la última semana,
tras las declaraciones del dirigente sobre una supuesta infiltración
de la Central de Inteligencia de EEUU (CIA) en los servicios
de espionaje militares.
A esto se suma el nombramiento
del periodista y escritor Javier Ponce, hasta hace poco secretario
de confianza del presidente, como ministro de Defensa, el cuarto
en los 15 meses que lleva Correa en el poder. Esta decisión
no ha sentado bien en las FFAA, ya que Ponce siempre ha sido
muy crítico con el Ejército ecuatoriano.
Durante su discurso de toma de
posesión, Ponce ofreció aumentar la transparencia
en las relaciones entre el Ejército y los civiles. "Es
hora de que la institución armada asuma no sólo
sus éxitos, sino también los momentos duros y
las verdades incómodas", aseguró el nuevo
ministro.
Además, Ponce anunció
que va a crear una comisión formada por civiles y militares
que investigue todo lo ocurrido en torno a los supuestos nexos
de altos militares ecuatorianos con la CIA y el traspaso de
información reservada a ese organismo extranjero.
Sandoval. Mientras,
el ex ministro de Defensa Wellington Sandoval, explicó
ayer que su salida se debió a "varias cosas",
entre ellas la crisis diplomática con Colombia. Tal vez
otra de las causas por las que el ya ex funcionario ha decidido
dejar su cargo venga de lejos.
El pasado 18 de enero, el comandante
de la Fuerza Naval Homero Arellano dimitió también
de su cargo para acabar con las disputas por la presunta designación
política que Correa realizó en algunos ascensos,
además de la incursión de sus efectivos en la
gestión de la petrolera estatal del país, Petroecuador.
La marcha de Sandoval, junto
con la decisión de Correa de no reunirse con la cúpula
militar el martes pasado, precipitaron el miércoles la
renuncia de los altos mandos del Ejército, quedando sólo
en el cargo el comandante de la Marina.
Según Correa, la infiltración
de la CIA en los cuerpos secretos le permitió a Bogotá
obtener información relacionada con la incursión
colombiana del 1 de marzo contra la guerrilla de las FARC en
Ecuador.
La situación es cada vez
más tensa y, si realmente Correa quiere evitar una sublevación
militar, tendrá que desarrollar rápidamente su
política de revisar los servicios de inteligencia del
país. De momento, el viceministro de Defensa, Miguel
Carvajal, ya ha asegurado que "las fuerzas armadas son
una estructura profesional, patriótica ... pero no descartamos
que haya acciones individuales y que haya orientaciones doctrinarias
que no son convenientes para el país".
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