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Año X - Madrid, viernes 11 de abril de 2008
 
Reportaje
 
Correa aviva la polémica con el Ejército con un drástico cambio en la cúpula de las FFAA
Riesgo de sublevación
C.A.

La brecha en las relaciones entre el presidente de Ecuador, Rafael Correa, y el Ejército del país es cada vez más profunda. El malestar se ha hecho insostenible después de que Correa haya relevado a la cúpula de las Fuerzas Armadas ecuatorianas, tan sólo un día después del nombramiento como nuevo ministro de Defensa de Javier Ponce, férreo crítico del Ejército.

Pese a la crítica situación que vive la institución militar, el Gobierno ecuatoriano se ha apresurado a descartar la posibilidad de una sublevación militar.

"No vamos a tolerar que nuestros servicios secretos no respondan al Gobierno nacional", advirtió ayer Correa a los militares. Horas antes, el viceministro de Defensa, Miguel Carvajal, afirmaba en la televisión local que "no creo que exista ningún riesgo de que sectores de las Fuerzas Armadas puedan tener alguna actitud contraria a la legalidad y a la constitucionalidad".

Inquietud. Sin embargo, las dudas que se generan de estas palabras dejan al descubierto el malestar que persiste en el Ejército respecto a la actuación de Correa en la última semana, tras las declaraciones del dirigente sobre una supuesta infiltración de la Central de Inteligencia de EEUU (CIA) en los servicios de espionaje militares.

A esto se suma el nombramiento del periodista y escritor Javier Ponce, hasta hace poco secretario de confianza del presidente, como ministro de Defensa, el cuarto en los 15 meses que lleva Correa en el poder. Esta decisión no ha sentado bien en las FFAA, ya que Ponce siempre ha sido muy crítico con el Ejército ecuatoriano.

Durante su discurso de toma de posesión, Ponce ofreció aumentar la transparencia en las relaciones entre el Ejército y los civiles. "Es hora de que la institución armada asuma no sólo sus éxitos, sino también los momentos duros y las verdades incómodas", aseguró el nuevo ministro.

Además, Ponce anunció que va a crear una comisión formada por civiles y militares que investigue todo lo ocurrido en torno a los supuestos nexos de altos militares ecuatorianos con la CIA y el traspaso de información reservada a ese organismo extranjero.

Sandoval. Mientras, el ex ministro de Defensa Wellington Sandoval, explicó ayer que su salida se debió a "varias cosas", entre ellas la crisis diplomática con Colombia. Tal vez otra de las causas por las que el ya ex funcionario ha decidido dejar su cargo venga de lejos.

El pasado 18 de enero, el comandante de la Fuerza Naval Homero Arellano dimitió también de su cargo para acabar con las disputas por la presunta designación política que Correa realizó en algunos ascensos, además de la incursión de sus efectivos en la gestión de la petrolera estatal del país, Petroecuador.

La marcha de Sandoval, junto con la decisión de Correa de no reunirse con la cúpula militar el martes pasado, precipitaron el miércoles la renuncia de los altos mandos del Ejército, quedando sólo en el cargo el comandante de la Marina.

Según Correa, la infiltración de la CIA en los cuerpos secretos le permitió a Bogotá obtener información relacionada con la incursión colombiana del 1 de marzo contra la guerrilla de las FARC en Ecuador.

La situación es cada vez más tensa y, si realmente Correa quiere evitar una sublevación militar, tendrá que desarrollar rápidamente su política de revisar los servicios de inteligencia del país. De momento, el viceministro de Defensa, Miguel Carvajal, ya ha asegurado que "las fuerzas armadas son una estructura profesional, patriótica ... pero no descartamos que haya acciones individuales y que haya orientaciones doctrinarias que no son convenientes para el país".

 
 

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