| El
próximo año se cumplirá el bicentenario
del nacimiento de Charles Robert Darwin en una pequeña
ciudad del oeste de Inglaterra, cercana a la frontera con Gales,
Shrewsbury. Nos encontramos ante una de las figuras más
importantes del siglo XIX.
El libro “Sobre el origen
de las especies por medio de la selección natural, o
la conservación de las razas favorecidas en la lucha
por la existencia”, junto con “El Capital”
de Marx, fueron los libros que sacudieron al mundo a lo largo
de aquel siglo XIX, que hoy nos parece tan lejano y distante.
El viaje, que realizó
Darwin a bordo del Beagle, puede calificarse como histórico.
El objetivo principal de la expedición era terminar el
estudio topográfico de las costas argentinas, chilenas
y peruanas en aguas del Atlántico y del Pacífico.
La estancia en las islas Galápagos
fue, probablemente, lo más sugestivo del viaje. Situadas
a unos novecientos kilómetros de la costa americana del
Pacífico, se las conocía con el nombre de “las
encantadas”. Era importante la variedad de su fauna y
la actividad volcánica existente en las mismas.
Vocación.
Darwin, había estudiado Medicina pero, cuando contempló
una operación sin anestesia, quedó horrorizado
y pensó que ése no era su camino. A instancias
de su padre, se le invitó a que hiciera la carrera eclesiástica,
dentro de la iglesia anglicana, pero también comprendió
que ése tampoco era su camino.
Su vocación, ya desde
niño, era el estudio y la catalogación de la Naturaleza.
En consecuencia, sus intereses se cifraban en la Mineralogía,
la Botánica y la Zoología. El quería ser,
y así lo fue, un naturalista. Hoy estas ciencias de la
Naturaleza, han desembocado en la Biología, como ciencia
que estudia ese fenómeno singular que es la vida.
Precisamente, en este siglo XXI,
recién comenzado, se aspira a hacer de la Biología
una ciencia con el mismo rigor que hoy tiene la Física.
En este sentido, escribe el profesor Luís Vázquez,
que “la situación actual recuerda la de hace 200
años. Hacia 1800 se trataba de hacer converger las Matemáticas
y la Física con la Química que utilizaba conceptos
cualitativos, como afinidad, solubilidad y valencia. Dicho objetivo
fue conseguido con el desarrollo de la Mecánica Cuántica
que supuso un salto conceptual y permitió dar una base
cuantitativa a los conceptos de la Química. Actualmente,
nos encontramos con el problema de hacer converger las Matemáticas,
la Física y la Química con la Biología
que utiliza conceptos cualitativos como ida y función”.
Críticas.
Ya en sus comienzos, las teorías de Darwin, tuvieron,
en un principio, un choque con la iglesia anglicana. En torno
a 1987, se ha desarrollado en EEUU, el llamado movimiento del
diseño inteligente, sostenido especialmente, por la influencia
de las iglesias evangélicas, que no sólo defiende
el creacionismo, si no que niega la idea misma de evolución.
Es considerada, en muchos aspectos,
una teoría defendida por elementos ultraconservadores.
En cambio, el jesuita Teilhard de Chardin acepta que los seres
vivos se han diferenciado a través de un proceso de evolución
natural, y considera cierta la teoría evolutiva, representada
por la síntesis evolutiva moderna.
El papa Benedicto XVI afirma
que la incompatibilidad entre creacionismo y evolucionismo es
absurda porque “existen muchas pruebas en favor de la
evolución, que se presenta como una realidad que debemos
ver y que enriquece nuestro conocimiento de la vida y del ser
como tal.
Pero la doctrina de la evolución
no responde a todos los interrogantes y sobre todo no responde
al gran interrogante filosófico:" ¿de dónde
viene todo esto y cómo todo toma un camino que desemboca
finalmente en el hombre?”.
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