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Año X - Madrid, viernes 25 de abril de 2008
 
Reportaje
 
El origen de las especies, a debate en el bicentenario de Darwin
A bordo del Beagle
Alberto Miguel Arruti

El próximo año se cumplirá el bicentenario del nacimiento de Charles Robert Darwin en una pequeña ciudad del oeste de Inglaterra, cercana a la frontera con Gales, Shrewsbury. Nos encontramos ante una de las figuras más importantes del siglo XIX.

El libro “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la existencia”, junto con “El Capital” de Marx, fueron los libros que sacudieron al mundo a lo largo de aquel siglo XIX, que hoy nos parece tan lejano y distante.

El viaje, que realizó Darwin a bordo del Beagle, puede calificarse como histórico. El objetivo principal de la expedición era terminar el estudio topográfico de las costas argentinas, chilenas y peruanas en aguas del Atlántico y del Pacífico.

La estancia en las islas Galápagos fue, probablemente, lo más sugestivo del viaje. Situadas a unos novecientos kilómetros de la costa americana del Pacífico, se las conocía con el nombre de “las encantadas”. Era importante la variedad de su fauna y la actividad volcánica existente en las mismas.

Vocación. Darwin, había estudiado Medicina pero, cuando contempló una operación sin anestesia, quedó horrorizado y pensó que ése no era su camino. A instancias de su padre, se le invitó a que hiciera la carrera eclesiástica, dentro de la iglesia anglicana, pero también comprendió que ése tampoco era su camino.

Su vocación, ya desde niño, era el estudio y la catalogación de la Naturaleza. En consecuencia, sus intereses se cifraban en la Mineralogía, la Botánica y la Zoología. El quería ser, y así lo fue, un naturalista. Hoy estas ciencias de la Naturaleza, han desembocado en la Biología, como ciencia que estudia ese fenómeno singular que es la vida.

Precisamente, en este siglo XXI, recién comenzado, se aspira a hacer de la Biología una ciencia con el mismo rigor que hoy tiene la Física. En este sentido, escribe el profesor Luís Vázquez, que “la situación actual recuerda la de hace 200 años. Hacia 1800 se trataba de hacer converger las Matemáticas y la Física con la Química que utilizaba conceptos cualitativos, como afinidad, solubilidad y valencia. Dicho objetivo fue conseguido con el desarrollo de la Mecánica Cuántica que supuso un salto conceptual y permitió dar una base cuantitativa a los conceptos de la Química. Actualmente, nos encontramos con el problema de hacer converger las Matemáticas, la Física y la Química con la Biología que utiliza conceptos cualitativos como ida y función”.

Críticas. Ya en sus comienzos, las teorías de Darwin, tuvieron, en un principio, un choque con la iglesia anglicana. En torno a 1987, se ha desarrollado en EEUU, el llamado movimiento del diseño inteligente, sostenido especialmente, por la influencia de las iglesias evangélicas, que no sólo defiende el creacionismo, si no que niega la idea misma de evolución.

Es considerada, en muchos aspectos, una teoría defendida por elementos ultraconservadores. En cambio, el jesuita Teilhard de Chardin acepta que los seres vivos se han diferenciado a través de un proceso de evolución natural, y considera cierta la teoría evolutiva, representada por la síntesis evolutiva moderna.

El papa Benedicto XVI afirma que la incompatibilidad entre creacionismo y evolucionismo es absurda porque “existen muchas pruebas en favor de la evolución, que se presenta como una realidad que debemos ver y que enriquece nuestro conocimiento de la vida y del ser como tal.

Pero la doctrina de la evolución no responde a todos los interrogantes y sobre todo no responde al gran interrogante filosófico:" ¿de dónde viene todo esto y cómo todo toma un camino que desemboca finalmente en el hombre?”.

 
 

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