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En plena crisis del sector automovilístico, Porsche ha conseguido cuadruplicar sus beneficios, aunque esta radical mejora no tiene nada que ver con el negocio automovilístico, sino con sus apuestas en Bolsa.
Las cuentas de la empresa alemana, en su primer semestre fiscal, arrojaron un beneficio de 5.550 millones de euros, multiplicando en más de cuatro veces los 1.300 millones obtenidos en el mismo período del año anterior. El beneficio antes de impuestos ascendió en su primer semestre fiscal a 7.340 millones de euros, de los que 6.840 millones o el 93% se correspondieron con las desinversiones que realizó en Volkswagen para que los hedge funds cubrieran sus apuestas bajistas.
A finales del año pasado, Volkswagen se convirtió en uno de los mayores exponentes de la inestabilidad de los mercados financieros. La espiral bajista que ha azotado al sector automovilístico, uno de los más castigados por la crisis, disparó las posiciones cortas en Volkswagen. La decisión de Porsche de elevar la participación en su filial desató un desenfrenado rally alcista en el fabricante de Seat, con subidas que llegaron a superar el 450% en sólo dos sesiones y convertirla en la primera empresa del mundo por valor del mercado, rozando entonces los 500.000 millones de euros (ahora su valor ronda los 95.000 millones de euros).
Especulación. La necesidad de los hedge funds de cubrir sus posiciones bajistas provocó estas subidas desenfrenadas en los títulos de Volkswagen, de ahí que Porsche acordara vender un 5% de las opciones de compra que tenía sobre su filial, a unos precios desorbitados, para elevar el ‘free float’ de su filial y moderar, en parte, esta volatilidad extrema.
Las cifras de su negocio meramente automovilístico chocan con esta evolución de los beneficios. Los ingresos cayeron un 13%, hasta los 3.040 millones, fruto de un descenso del 27% en el número de coches vendidos, 34.266 unidades.
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