| Honduras
es, probablemente, uno de los pocos países en los que las
constantes subidas del petróleo no han tenido consecuencias
directas en los consumidores de a pie, gracias al plan del Gobierno
de subvencionar al precio de la gasolina.
Sin embargo, esta semana llegaba
a su fin, por lo que había cierta incertidumbre en la población,
al no saber si aumentaría o no el precio del carburante.
En caso de que el Gobierno hubiese
decidido suspender la subvención, las útimas subidas
del petróleo se habrían trasladado directamente
a los consumidores, lo que habría supuesto un precio final
de entre 90 y 100 lempiras por galón, alrededor de 1,13
euros por litro, en el peor de los casos.
La gasolina ha estado subvencionada
desde abril de este año, evitando así que las fluctuaciones
al alza afectasen al mercado nacional. Hasta el 31 de julio, fecha
en la que expiraba el plazo, el Gobierno ha asumido un gasto de
260 millones de lempiras (11,32 millones de euros).
A principios de esta semana, Yani
Rosenthal, ministro de la Presidencia, declaró que aunque
el Gobierno había prometido mantener el subsidio hasta
que se firmasen los contratos de licitación internacional
de combustible, previstos para septiembre próximo, debía
ser el presidente, Manuel Zelaya, quien decidiera qué hacer
hasta entonces, disparando así las dudas sobre la continuidad
del programa de subvenciones.
Expertos nacionales en economía
declararon que si el Gobierno decidía prorrogar la subvención,
ésta debería extenderse, al menos, hasta noviembre,
con un presupuesto igual o superior a lo que se ha gastado hasta
el momento, a pesar de lo cual Rosenthal afirmó que no
afectaría a las programaciones fiscales ni provocaría
inflación.
Días más tarde, la
ministra de Finanzas, Rebeca Santos, declaró una prórroga
de una semana más para la subvención (hasta el próximo
lunes), con el objetivo de ganar un poco de tiempo antes de definir
los mecanismos a seguir, manteniendo el cálculo de gasto
en 20 millones de lempiras semanales (unos 868.000 euros).
A pesar de que el desembolso total,
compuesto por la suma de 290 millones de lempiras por el congelamiento
del precio de los carburantes y los 60 millones del subsidio a
los taxistas, alcanza 350 millones de lempiras (15,19 millones
de euros), Santos ha afirmado que la única consecuencia
real que está teniendo es la disminución de ingresos
a través de los impuestos, por lo que se están haciendo
esfuerzos en otras áreas de captación, como Impuestos
sobre Ventas, sobre la Renta o en la matriculación de vehículos.
El objetivo primordial del programa
es impedir que aumente el gasto básico de las familias,
lo que podría tener repercusiones negativas sobre los índices
de inflación. Aún así, el subsidio tiene
multitud de detractores, entre los que se encuentra la Iglesia
Católica, que consideran que se está rompiendo la
disciplina fiscal pactada con los organismos internacionales.
En respuesta, la ministra de Finanzas
ha afirmado que la decisión de ampliar el programa se ha
tomado bajo los parámetros acordados con el Fondo Monetario
Internacional.
En otro orden de cosas, el presidente
ha tenido que enfrentar las continuas protestas callejeras de
los maestros, que continúan una huelga para la que no se
ve una solución cercana, y que está comenzando a
afectar a la economía: los periódicos locales advierten
de que en las zonas donde se realizan las manifestaciones las
ganancias del comercio se han reducido un 50%, y que los empresarios
extranjeros tienen temor a invertir en el país.
Aunque, al cambio, el precio final
se situaría al mismo nivel en el que se encuentra en España,
no es de extrañar que los hondureños tiemblen con
la perspectiva del fin del subsidio, ya que supondría un
incremento en el gasto mínimo familiar difícil de
asumir por la mayoría.
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